Paz en la tierra

Diciembre 28, 2012 - 12:00 a.m. Por: Jorge Humberto Cadavid Pbro

Nos preguntamos qué significado y valor tienen las celebraciones de estas fiestas de final de año, las cuales vienen signadas con la impronta de un espíritu religioso que parte del acontecimiento que dividió a la civilización Helénica en dos tiempos, un antes y un después del acontecimiento histórico de la aparición en la Tierra de un galileo, al que le decían Nazareno, nacido de una mujer Virgen en un pequeño pueblito de Judá, en Belén, y que fue anunciado a todos como el Salvador, el ‘Mesias’. Él formó una escuela con doce hombres rurales y de poca monta social, que le acompañaron hasta su muerte, le vieron resucitado y compartió con ellos durante 50 días y después desapareció en las alturas y les dejó encargado que le comunicaran la buena noticia al mundo de su presencia y cómo hacerse a dicha realidad, fueron de dos en dos recorriendo su mundo de tal forman que lograron la transdormación de la antigua civilización Helénica con el nuevo estilo de vida, hasta que conformaron la cultura cristiana que sustenta la civilización occidental, de la cual somos hijos y celebramos dicha efeméride. Después de más de 50 años de una guerra continua, en la que los dolores y las angustias de los colombianos, persisten todavía muy graves a causa de la guerra entre hermanos, ya es justo en una madurez que ha dado no sólo el tiempo, sino el haber pasado por tanto sufrimiento, que lleguemos a la sensatez de pensar en la unidad, para construir una sociedad verdaderamente humana, sin exclusiones.Una Patria para todos, la cual no es posible sin una auténtica paz, con un espíritu renovado, espíritu que es precisamente el mensaje evangélico de este Adviento, en armonía con las más elevadas intenciones y deseos de gobernantes y del pueblo colombiano que están brillando con un fulgor especial, al llamarnos a la conversión y el perdón y así ser promotores de la paz escuchando el llamado de los ángeles en Belén: “Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz, a los hombres de buena voluntad”.El llamado del alegre espíritu de diciembre es en primer lugar a todos aquellos que en la esperanza del nacimiento de una nueva época con la presencia de la luz que baja de los cielos, con la ayuda de Cristo, autor de la paz, sin resquemores, cooperemos con todos los hombres a consolidar la paz en la justicia y en el amor mutuo, allanando los caminos y colocando todos los esfuerzos a nuestro alcance para lograrla.Tengamos como reflexión para lograrlo, lo que dice el número 78 de la Gaudiun et Spes: “La paz no es una simple ausencia de la guerra, ni se reduce al solo equilibrio de las fuerzas contrarias, ni nace de un domino despótico, se define como obra de la justicia (Is 32,17)”.

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