Moral de situación...

Enero 06, 2014 - 12:00 a.m. Por: Jorge Humberto Cadavid Pbro

Se ha vuelto común ver imágenes en donde los policías son agredidos por los ciudadanos cuando la Fuerza Pública acude a defenderlos; se multiplican las investigaciones a miembros de las altas cortes involucrados en actos que van contra las leyes que deben defender; autoridades que incitan a los ciudadanos a que no se respeten las normas y decisiones de las instituciones creadas para mantener el orden del Estado, porque no les parece que son justas cuando los tocan personalmente, pero que no impugnaron en el caso de otros y en similares circunstancias; más aún, buscaron las formas de no cumplirlas, pero cuando vieron que les convenía aplicarlas a su favor, cambiaron el criterio. Así se observa un relativismo en la verdad, un personalismo en la reflexión, un individualismo en la aplicación, un pragmatismo en la concepción, de tal manera que la moral se ha convertido en conveniencia según la situación y momento de cada uno.En las conversaciones para la paz con las Farc, que son uno de los elementos que perturban el equilibrio y el orden social en nuestro país, estos se asombran y no admiten que la gente esté pensando que dichas conversaciones deben llevar a dejar las armas para cambiarlas por votos, y se vuelve difícil el reconocimiento a las víctimas de ellos, a quienes por su ideología les cuesta aceptarse como victimarios, y por el Estado, que por su obligación de mantener el orden en ocasiones confusas se ha convertido también en victimario, como los organismos paramilitares y autodefensas que hicieron víctimas al pueblo indefenso que todos pretenden defender.También observamos cómo colombianos con todas las oportunidades asumen comportamientos corruptos en detrimento del desarrollo y bienestar común de un Estado. Es el caso de los ‘carruseles’ que desfalcan las arcas de la Nación o de empresas e instituciones que favorecen la vida, los derechos de los otros y el futuro del ciudadano y de la Nación para el equilibrio y la convivencia pacífica, respaldados en sus influencias, amiguismos, conocimiento de los vericuetos de las normas y leyes para implantar la peor de las violencias y la de mayor incidencia que puede tener un Estado: la corrupción.Nuestra cultura, nuestra sociedad parece que ha entrado en un eclipse y deformación de la conciencia moral; es como un embotamiento que podríamos traducir en esa amoralidad o individualismo, que lleva a poner en práctica una moralidad que está siendo socialmente reconocida y aceptada por esta cultura actual pero que se hace muy visible en el actuar de los jóvenes, que no tienen otra cosa para fijarse y guiarse como modelo.Se hace necesario enfrentar la problemática desde sus raíces: la familia, la educación, el civismo, la urbanidad, la verdad, la vida, la dignidad, la libertad.

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