“Los mayores son muy extraños”

“Los mayores son muy extraños”

Diciembre 07, 2015 - 12:00 a.m. Por: Jorge Humberto Cadavid Pbro

De nuevo se hace presente ‘El Principito’ con la realización de la nueva película, su impacto lo confirman más de 250 traducciones a lenguas y dialectos y los más de 140 millones de ejemplares vendidos.Traigo un diálogo del capítulo X, en donde el Principito se encuentra en el planeta del Rey y allí dice: “Las personas mayores son muy extrañas: Si yo le diera a un general la orden de volar de flor en flor como una mariposa, o de escribir una tragedia, o de transformarse en ave marina y el general no ejecutase la orden recibida ¿de quién sería la culpa, mía o de él? La culpa sería de usted, le dijo el Principito al Rey con firmeza. Exactamente. Sólo hay que pedir a cada uno, lo que cada uno puede dar, continuó el Rey. La autoridad se apoya antes que nada en la razón. Si ordenas a tu pueblo que se tire al mar, el pueblo hará la revolución. Yo tengo derecho a exigir obediencia, porque mis órdenes son razonables”.De la misma manera el padre jesuita Jorge Loring dice acerca  de tantas propuestas que los hombres desde su percepción individualista y egoísta de la existencia han llegado a confundir como derechos y a imponerlos como avances de la sociedad y la cultura diciendo: “Aunque el gobierno haga una ley dando permiso a los burros para que vuelen, no por eso a los burros les van a salir alas”. Se plantean tantas discusiones sobre lo que uno quisiera y no puede porque debe respetar la convivencia, y para que pueda vivir en paz la humanidad debe aprender la tolerancia, pero la confundimos con el no intervenir para no ganarse enemigos y estamos conformando una sociedad que se excluye por temor o por no ser  acosada por el bullying. Una sociedad de actitud indiferente por comodidad. Santo Tomás de Aquino, gran estudioso, padre de la escolástica dice que pareciera que a los hombres nos está faltando lo siguiente: “La Sindéresis, también llamada por Tomás de Aquino razón natural, es cognoscitiva. Un hábito innato por el cual la persona conoce y regula su naturaleza humana, y su razón (tanto teórica como práctica) y su voluntad, y está abierta a estas facultades, tanto en su estado nativo como activadas. La sindéresis se conoce por medio del hábito de sabiduría, y ambos dependen del intelecto agente”. El Aquinante al definir la Sindéresis nos acercó al misterio del hombre que cuando le da paso a la fe descubre la sabiduría como ese punto de encuentro con la transcendencia y la hace un tesoro para el conocimiento de tal manera que puede exclamar junto con el libro Bíblico de la Sabiduría: “Es más bella que el sol y que las constelaciones; comparada a la luz del día sale ganando, pues a éste le revela la noche, mientras a la sabiduría no le puede el mal. Alcanza con vigor de extremo a extremo y gobierna el universo con acierto”. Y como aquel desprevenido que estuvo en el estreno de la película del Principito y exclamó: “Debemos salir del egoísmo y buscar lo esencial”.

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