La verdad que falta

Enero 30, 2016 - 12:00 a.m. Por: Jorge Humberto Cadavid Pbro

En las conversaciones para resolver un conflicto de tantos años, que ha sembrado dolor y sufrimiento en muchas personas en Colombia, se oye con frecuencia las historias de muchas víctimas que se han quedado en el limbo porque sus voces no han llegado a ser escuchadas en estos diálogos que nos deben conducir a una verdadera paz.En el mensaje del Papa Francisco a los comunicadores, que se celebrará el 8 de mayo, un domingo anterior al de Pentecostés dice: “Es fundamental escuchar. Comunicar significa compartir, y para compartir se necesita escuchar, acoger. Escuchar es mucho más que oír. Oír hace referencia al ámbito de la información. Escuchar, sin embargo, evoca la comunicación, y necesita cercanía. Escuchar nunca es fácil. A veces es más cómodo fingir ser sordos. Escuchar significa prestar atención, tener deseo de comprender, de valorar, respetar, custodiar la palabra del otro y al hacerlo se origina una especie de martirio, un sacrificio de sí mismo en el que se renueva el gesto realizado por Moisés en la zarza ardiente: quitarse las sandalias”.Entonces podríamos preguntar según estas palabras que al no tener en el diálogo la voz clara de las víctimas, ya sea porque no las hemos identificado claramente, o porque no aceptamos que víctimas son todos aquellos que sin pertenecer al conflicto han sufrido las consecuencias por el enfrentamiento de los dos que están sentados en las conversaciones: Guerrilla y Gobierno; se han hecho los sordos y han tomado con indiferencia la enorme herida que existe en el pueblo colombiano.Porque solo se han oído dos partes y quizás sin escucharse también entre ellos, podríamos entender que en verdad no ha habido intención de acercarse, de prestar atención, tener deseo de comprender, de valorar, respetar, custodiar al otro; no se ha generado aquello que dice el Papa “ una especie de martirio”, sacrificio. Es que nos separa entonces un lenguaje de diversos contenidos e ideologías y por eso no hemos entrado en lo común que nos une, como es y debe ser en los cristianos: La fe, Jesucristo, Dios, para entender la dignidad de todo ser humano y así como Moisés saber quitarnos las Sandalias, ante lo sagrado que es el hombre y aceptar pedir el perdón, al reconocer la verdad de la víctima haciendo lo que mejor le de confianza, restaurar en todo lo que se pueda el daño causado y prometer que no lo vuelve a hacer.Las zonas de concentración y verificación junto con la verdadera entrega de los bienes y las riquezas obtenidas por su accionar delictivo, secuestros, etc, debieran contribuir al desarrollo del campo y la producción que ellos y mucho tiempo de abandono del Estado, han llevado a tanta pobreza, sufrimiento, dolor y abandono de mucha gente sencilla y humilde y con su compromiso de sacar adelante lo que hoy no funciona del aparato productivo, sería como se espera, una forma de restituir el daño y la confianza en la no repetición para reinsertarse debidamente en la sociedad.

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