La Política

Abril 24, 2013 - 12:00 a.m. Por: Jorge Humberto Cadavid Pbro

Es lo que se refiere a lo civil, a lo de la ciudad, lo concerniente a los ciudadanos; cuando una sociedad compuesta por hombres libres, para resolver los problemas planteados por la convivencia, ordena su ejercicio por medio del poder que ejerce, a ese ejercicio se le llama política, y quienes asumen el poder para ejecutar las acciones de convivencia, son los políticos.El hombre pasó del sistema nómada al asentamiento en territorios en la época del neolítico, y debido a la revolución que trajo la convivencia de los diversos clanes y tribus en espacios comunes, se inicia la lucha por imponer las intenciones de los variados grupos, las estratificaciones sociales y el abuso de la fuerza para imponer los intereses personales, grupistas de minorías.La historia ha conocido muchos sistemas de este uso del poder para poner en práctica la consecución de los intereses para la convivencia o prevalencia de unos grupos sobre otros, y se ha movido desde la autocracia, el absolutismo, la monarquía, el socialismo, la democracia, etc., hasta tener claro que el poder comprende tres facetas que bien conjugadas y claramente entendidas y respetadas, obedecidas, se acercarían al consenso de las mayorías, darían espacio a la convivencia en paz.Lo difícil en la política -que no debe ser otra cosa que todo lo que tiene que ver con el ciudadano para que se sienta incluido en los beneficios y en las acciones de la sociedad, que propicia la autoridad que maneja el poder y así salvaguardar la vida, la libertad, la honra y los bienes de las personas-, es que tiene que estar siempre en contacto, diálogo, escucha y sobretodo en capacidad de sacrificarse por el otro y por la sociedad para poderlo lograr.Haciendo un recorrido histórico de la humanidad, casi no ha existido una convivencia plena y en paz del ser humano con su semejante, de tal manera que hemos visto expresiones a través de los tiempos que se pueden sintetizar en aquella del “Hombre es un lobo para el hombre”, o la otra de “El hombre nace bueno, pero la sociedad lo corrompe”.El Cristianismo, que no es una religión sino un estilo de vida, ejerció su máximo poder político, es decir, intervino en lo civil, dentro del imperio Romano que era ya la fase decadente de la civilización Helénica, con aquellas comunidades que surgieron a partir del resucitado y que los llevó a compartir todo en común y fueron el atractivo de quienes los observaban y fueron así engrosando la Iglesia naciente, hasta llegar al año 313 cuando su poder testimonial convenció aún al mismo emperador y se impuso como principio espiritual del imperio, transformando de tal manera la cultura y el estilo del pensamiento que en ello se encuentra la raíz de la civilización Occidental.Para aquel que era el modelo a seguir: Jesús, el poder significaba Servicio, y quien lo siguiera debía ser el último de todos. La autoridad era para demostrar y dar testimonio de la verdad y en su forma de gobierno no existían el arribismo y la búsqueda de puestos y prebendas, sino que era la capacidad de sacrificio y de entrega, para llegar hasta las periferias donde se encontraba el excluido social y considerado minoría y enfermo, para sanarle y darle la libertad y así incorporarlo en el conjunto como persona con derechos y con dignidad, esa es la nueva cara de la Iglesia que se presenta en el papa Francisco.

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