La paz querida

Julio 06, 2016 - 12:00 a.m. Por: Jorge Humberto Cadavid Pbro

Decía en su declaración del 23 de junio en La Habana Timoleón Jiménez, ‘Timochenko’, que al iniciar hace 52 años esos 48 marquetalianos la lucha por las reivindicaciones agrarias, de una manera pacífica, y no habiendo sido escuchados en sus intenciones, optaron por la forma armada en su reclamo, pero ni ellos lo lograron, ni el Estado los hizo desistir y ahora están firmando ese proceso de terminar la guerra para buscar la Paz desde la institucionalidad como fue lo debido cuando iniciaron este periplo que dejó tan herida a la Patria colombiana.En un artículo de hace un tiempo el columnista Luis Guillermo Restrepo, del periódico El País, escribía: “Perdón, ¿postqué? Hoy debo pedir la indulgencia de los lectores. Sucede que por todas partes recibo declaraciones, textos y proclamas hablando del ‘postconflicto’ en Colombia, y no he podido asimilar el discurso con el cual tratan de llevarnos a la tierra del olvido”.Sí, hay en el alma de muchos colombianos, según encuestas y muchas, que dan a entender que el país está dividido en esta percepción de que aquellos que buscaban pacíficamente sus reivindicaciones dignas y derechos para su realización, pasaron a involucrarse en terrorismo, secuestro, violencia, narcotráfico, destrucción ecológica, distanciándose de una ideología inicial para volverse criminales y enemigos precisamente de aquellos que decían defender: el pueblo, y creen que de la misma manera están apoyados por ese pueblo que ha sido su víctima por más de 52 años. Y ante no haber logrado sus objetivos en la guerra negocian con el Estado los puntos de la mesa de conversación en La Habana, a la cual están llegando a su fin con los últimos anuncios escuchados el 23 de junio por las partes. Aceptar sin conocer lo conversado en su conjunto y alegrarse con el gobierno, es estar a favor de la Paz, pero sentirse como lo dice el editorialista de El País: “que no ha podido asimilar el discurso con el cual tratan de llevarnos a la tierra del olvido”, es ser guerrerista y estar en contra de la paz.La realidad vivida son los más de ocho millones de víctimas y los tantos años de guerra y violencia que han herido al pueblo colombiano, esto exige una verdadera transformación de la cultura y de los valores de tal forma que podamos darle cabida a un sistema de justicia que dé base a la reconciliación nacional, que pueda llegar por el perdón y la restauración con la promesa de no repetición a la Paz.Tenemos que emprender una tarea muy difícil: el reordenamiento ético de nuestra sociedad, donde se cambie de mentalidad en lo político, para que allí se entienda que es el arte más perfecto de la caridad cristiana, porque se lucha por la equidad y la igualdad de oportunidades para todos. Se purifica el Estado de toda clase de corrupción, para que el bien público no sea apropiado por unos pocos y sobretodo para que se entienda que la economía y la propiedad deben ser herramientas que le ayuden al hombre para realizarse dignamente y puedan convivir en paz como hermanos.

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