La paz es ausencia de violencia

La paz es ausencia de violencia

Marzo 18, 2016 - 12:00 a.m. Por: Jorge Humberto Cadavid Pbro

Me preocupa pensar en mi país que desea la paz, pero que no tiene la confianza suficiente para creer que es posible que se dé ante la experiencia diaria de lo que ve y oye en los medios de comunicación, y que vive en su rutina por existir en medio de tantas dificultades motivadas por la inseguridad, la corrupción, el desempleo, la carestía de los elementos necesarios para subsistencia, el vía crucis para alcanzar algo de la salud, las interminables vueltas para ser reconocido de derechos para una pensión, etc., etc.Periodistas de la talla de Juan Gossaín ante apócrifa carta que circuló la semana pasada en las redes sociales, ha expresado: “Me preocupa que no hay límites, parece que el país se nos está desbaratando, la gente cree que puede calumniar a los demás, firmar cartas con el nombre ajeno, nadie parece tener control. El abuso contra los demás es ilimitado, ¿A dónde vamos a llegar?”.Las redes sociales se convirtieron en trincheras para ensalzar, calumniar, desprestigiar, motivar, concitar, informar, visibilizar, destruir y muchas y muchas más cosas que solo caben en la mente y el corazón del hombre como bien lo dice la palabra que es a su vez una amenaza: ‘Anónimo’.Denuncias como las de Luis Fernando Agudelo, que se sorprendió al ver que uno de los vehículos registrados por los medios de comunicación en Buenos Aires, Cauca, en la que los negociadores de las Farc se estaban movilizando, tenía las características y la misma placa de su carro, hurtado el pasado 16 de enero en Río Blanco, zona rural del corregimiento del Queremal en el municipio de Dagua, llevan a pensar que si antes de firmar la paz suceden cosas como estas, o las de Conejo en la Guajira donde las Farc hicieron una de sus llamadas jornadas de pedagogía de la paz, u otras parecidas en otros lugares y reseñadas ampliamente por los medios de comunicación del país, son las que no han permitido que los colombianos del común crean en una posible paz, sin que se lleguen a solucionar todos los problemas fundamentales que son producidos por la violencia, que nos ha quitado la tranquilidad y la confianza.El pasado domingo 6 de marzo, la liturgia de la Iglesia hablaba en el Evangelio de la Misericordia infinita del Padre, Dios, que recibía en su casa al hijo, que había desperdiciado la fortuna de una manera inconsciente y que regresaba porque conocía que su padre no lo rechazaría y así fue. Una persona que asistía a la predicación en la Iglesia, al salir del templo se dirige a mí y me dice: Padre, estoy de acuerdo con la bondad del padre, pero no recalcó usted en que el hijo se arrepintió de lo malo que había hecho, y estaba dispuesto a pagar por su error. aunque lo pusiera como uno de los jornaleros en su casa”.“Padre, concluyó el feligrés, esa es la diferencia con los diálogos para la paz en Colombia”.

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