La paz del mundo y la paz de Dios

Abril 27, 2017 - 11:55 p.m. Por: Jorge Humberto Cadavid Pbro

La paz os dejo, mi paz os doy; Yo no os la doy como el mundo la da”, (Juan 14:27).

“El mundo debe detener a los señores de la guerra. Hoy el pecado se manifiesta con toda su fuerza de destrucción en las guerras, en las diversas formas de violencia y maltratamiento, en el abandono de los más frágiles. Son los últimos, los inermes, los que siempre pagan. Como he dicho en el reciente mensaje para la jornada mundial de la paz, el siglo pasado fue devastado por dos grandes guerras mundiales, mientras hoy por desgracia, somos presa de una terrible guerra mundial a pedazos”, dijo el papa Francisco en una entrevista publicada el pasado Jueves Santo en el diario italiano La República.

Y añadió lo siguiente: “Pido más fuertemente que haya paz en este mundo dominado por traficantes de armas que se benefician de la sangre de mujeres y hombres, la violencia no es una cura para nuestro mundo destrozado”.

Entendamos de una manera sencilla lo que es la paz. Es aquel estado ideal al que debe aspirar una persona o una sociedad para alcanzar la armonía y el equilibrio.

Mente y corazón en una sola dirección que les permitan alcanzar el desarrollo integral. Para ello es necesario entender y sobre todo sentir la urgencia de vivir en paz. Aprendamos a poner esas ideas en práctica y trabajemos en pro de la humanidad y su crecimiento.

La paz no es simplemente ausencia de guerra, ni se reduce únicamente al equilibrio de las fuerzas adversarias. No surge de una hegemonía despótica sino que con toda exactitud y propiedad, se llama la obra de la justicia (Isaías 32,7).

Esta guerra mundial que se desarolla a pedazos, de la que habla el papa Francisco, se encuentra cerca de los colombianos por el proceso que se adelanta en nuestro país. Estamos en el tránsito hacia ese estado, y la resistencia a los acuerdos quizás se debe a que prevalecen intereses de quienes la negociaron, como en Venezuela, nuestro país hermano, que se ha alejado mucho del orden planteado por el Creador y ha perdido el rumbo en la búsqueda del bien común y del ejercicio de la política recta.
En lugar de hacer uso de la caridad, se han desviado los intereses y prevalecen los egoístas y despótico partidos, ideologías o sistemas económicos, que benefician a unos pocos en detrimento de las mayorías.

Es una muestra clara de la fragilidad humana, que está herida por el pecado y cada vez más alejada de Dios.

Estamos viendo en todo el mundo que se vive una vigilia de Pascua en dramática tensión internacional, se siente el temor de tantos habitantes de la Tierra por el deterioro acelerado de la armonía internacional y el aumento sin freno del terrorismo y de la violencia.

El papa Francisco advirtió que este crecimiento de la violencia “en el peor de los casos puede llevar a la muerte, física y espiritual de muchos, y hasta de todos... El primer paso para la paz es escuchar al otro, y callar la lengua”.

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