La gran trampa

Julio 02, 2012 - 12:00 a.m. Por: Jorge Humberto Cadavid Pbro

La política, en principio, es el espacio adecuado para construir el Bien Común en el marco de una democracia; para ello es necesario la búsqueda del poder para llegar a realizar ese Bien Común. Esto es lo que debe caracterizar a quien está en la política y si así es la conducta de quienes trabajan en ella debe tener como resultado la confianza de la ciudadanía.Nuestro Departamento quiere recobrar la institucionalidad, la confianza ciudadana, en la cual el habitante de la calle entienda que nadie es dueño de lo público y que el poder es algo muy visible, transparente, para mostrar sus ejecutorias y no estar descubriendo la corrupción política que se apropia de los bienes del Estado, en función de particulares en detrimento de eso que se perseguía, lo de todos, el Bien Común.¿Cómo entender que en las elecciones anteriores no se podían unir los dos representantes mayoritarios de la institucionalidad, y para el proceso que culminó ayer no sólo se unieron, sino que los acompañaron siete movimientos más? Cuando el clamor ciudadano y el pensar era reunir valiosos elementos de la comarca, que los hay, y con ellos llegar a la escogencia del mejor, para llevarlo a esta confrontación; pero ese deseo no se realizó, los líderes políticos de la región decidieron uno conocido que pudiera garantizarles el éxito y no uno desconocido con el cual arriesgaran el poder.Triste el espectáculo presentado al país por la reforma de la Justicia, la cual desde hace dos años se estaba pregonando y a pesar de las voces en contra, muchas, sin embargo se aprobó en el Congreso, el ágora de lo político, aunque al interrogárseles a algunos de ellos, por su aprobación, dejaron ver su desconocimiento, no la habían leído; pues claro, uno ve las sesiones del Congreso y le da pena ajena; cuando el ponente habla, con un escaso quórum, los que atienden al que explica son muy pocos, y los restantes andan distraídos, en conversaciones, visitas y atendiendo el celular; para llegar a decidir en asuntos tan importantes en nombre de toda la sociedad, sin darse cuenta de la grave responsabilidad que pesa sobre sus conciencias. Por eso, y por muchas cosas más, la práctica corrupta de la política va alejando al ciudadano de los espacios de decisión, logrando el desinterés por la búsqueda del poder democráticamente, de tal manera que se abstiene en participar en las contiendas electorales, o busca el rechazo de la vieja política, por medio de la validación del Voto en Blanco. Cuando se esperaba un candidato consensuado por los ciudadanos, para recuperar la confianza, la credibilidad y el interés por lo público, revivieron a uno de entre ellos que les diera la posibilidad de perpetuarse en el poder y ahora si es la salvación contra lo que se considera son las fuerzas del mal; pero eso ha sido siempre con diferentes circunstancias, lo cual ha logrado que el ciudadano de a pie se aleje de lo político y no se comprometa con las elecciones, lo que es definitivo para lograr el propósito de la politiquería: alejar al ciudadano de lo que ellos hacen, y aquí esta la gran trampa.No les dejemos abierto este espacio, como sucedió ayer, para que así logren sus mezquinos intereses. La solución siempre es participar políticamente. Votar en conciencia para así romper toda clase de paradigmas y empezar a sentir que somos cada uno de nosotros quienes podemos transformar el destino de los pueblos y mejorar la existencia de los hombres y construir una nueva sociedad.

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