La fuerza de la opinión

La fuerza de la opinión

Abril 16, 2012 - 12:00 a.m. Por: Jorge Humberto Cadavid Pbro

Cuando pensamos en lo que es una opinión podemos llegar a lo importante que es tomar conciencia cuando se opina, pues dependiendo de los medios que la multipliquen, la población a donde llegue y el momento adecuado en el cual se pronuncie, va a formar la conciencia y la cultura de quienes la reciben y de los pueblos en los cuales se pronuncia. Porque es la opinión una proposición donde no se tiene la confianza sobre la verdad del conocimiento y es factible el error, por lo que se debe tener cuidado en andar hablando de todo, y más con la ligereza del momento o la moda, ya que vivimos una supervaloración del individuo que se expresa en un engrandecimiento de lo subjetivo en detrimento de la verdad, hasta el punto de relativizar todo lo existente.Hay seres humanos que se han ganado el beneplácito de las sociedades, culturas o de las mismas personas, y se buscan para obtener de ellos la opinión; decimos: Ellos sí que tienen autoridad; ya en la gran escolástica, esto o estos, formaban parte de la argumentación para encontrar y creer en la verdad; se buscaban a las personas mayores, a los sabios de los pueblos, porque ellos eran la suma de los conocimientos adquiridos a través de los años y era una dicha escucharlos en sus pláticas enriquecedoras para sus oyentes; un grupo de ellos fueron nuestros abuelos.Esas personas que tenían autoridad se fueron constituyendo por sus opiniones que llevaban verdades vividas y aprendidas con el tiempo, en conciencia de los pueblos, en líderes de las ciudades, en gobernantes de los Estados, en educadores y modelos de las juventudes; tenían tiempo para pensar, había espacio para meditar, compartían su existencia con sus semejantes y era posible el diálogo y la escucha paciente y prudente.En un momento se crecieron las ciudades, desaparecieron los pueblos, se aislaron los hombres, se descubrió la red, se abrieron las autopistas del ciberespacio, nos llenamos de conocimientos, lo abarcamos todo y nos quedamos sin nada, nos informamos de todo, se nos escapa el tiempo, nos angustiamos por la calidad y la cantidad de la información, nos agotamos en la decisión y cuando nos damos cuenta, la vida se pasa, se agota la esperanza y la soledad se cierne sobre mi existencia y, quizás, ya no me queda tiempo para vivir.Hoy quiero dar mi opinión, en la cual tengo confianza del conocimiento de la verdad y que seguirla es ir a la fija hacia el sentido de la vida: Busquemos a Jesús, no hay otro nombre sobre el cielo y la tierra que pueda salvarnos, puesto que Él sí tiene autoridad para hablar, lo que dice lo vive, lo cumple. Fue capaz de morir por nosotros y es así como nos recuperó la verdadera vida, pero para encontrarlo hay que dejar el miedo, la duda y creer en Él; hay que arriesgarse a buscarlo, aunque parezca anacrónico, sin sentido, salido de moda. Él se revela a los valientes, decididos, a los que lo perdieron todo y están dispuestos a jugársela toda por Él.

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