“La compañía de Jesús...”

“La compañía de Jesús...”

Diciembre 05, 2012 - 12:00 a.m. Por: Jorge Humberto Cadavid Pbro

Haciendo parodia de una frase del señor Procurador reelecto: “La opinión pública, no es lo publicado”, tomo lo que están hablando los medios de comunicación sobre el hermoso libro, el tercero sobre Jesús de Nazaret, ‘La Infancia’, que vio la luz en estos días. Se han quedado con la anécdota que no consta en los Evangelios de la presencia junto al Niño Jesús de la mula y el buey, cosa que en buen humor, como lo han llevado por muchos años, los jesuitas quedaron liberados de dicha historia que llevaba a pensar que la única compañía de Jesús fueron los dos animalejos.Pero la realidad importante de lo que celebramos en la fe los católicos y todos los cristianos es la Navidad; la Encarnación del Verbo, el gran acto de amor en que demuestra la predilección por el ser humano y su inmensa misericordia, de abandonar su omnipotencia, para hacerse presente en nuestra historia, para rebelarnos la verdad el Padre, y señalarnos el Camino, la Verdad y la Vida, que se pierde, queda oculta o se olvida, al darle tanta resonancia a estos dos animales que en verdad no son más que el sentido lógico del pensamiento al entender que si nace en un pesebre, hay presencia de animales, muy probablemente estos dos y otros por supuesto, y que a esta lógica se adhirió Francisco de Asís al elaborar el primer pesebre de la historia, le acompañó al niño naciente con la mula y el buey para darle calor, como la iconografía del tiempo lo hace notar, y todo esto llevado por la influencia del primer capítulo de Isaías cuando hace notar que: “El buey reconoce a su dueño y el asno el pesebre de su amo; pero Israel no me reconoce, y mi pueblo no entiende mi voz”, alusión en su tiempo como profecía a lo que sucedería no sólo en el momento histórico del nacimiento, como la realidad para todos los tiempos del desconocimiento de su presencia.En el libro, el pensamiento del Papa es claro al explicar que esta tradición es mucho más teológica, puesto que arranca de la percepción del capítulo primero de Isaías, y de una lectura espiritualizada del Evangelio apócrifo de Mateo, como todos estos escritos apócrifos que desean llenar vacíos de narración y curiosidad humana para completar el pensamiento espiritual, y así se fue transmitiendo hasta nuestros tiempos, pero seguro que la mayoría de quienes están opinando en los medios diciendo cosas como: “El Papa desmonta el Belén”, “nos van a quitar la fe...”, “Diga el Papa lo que diga, en mi pesebre habrá mula y buey...”, no han leído el libro, ni les importa para nada lo que celebramos en la Navidad, más aún lo aprovecharán para venirse lanza en ristre contra la Iglesia para decir que lo que ella enseña son puras mentiras, y otras tantas cosas más se desprenderán de esta anécdota del libro de Benedicto XVI, lo que demuestra un desconocimiento de la doctrina católica, de la fundamentación teológica de la fe y lo que es nuestra cultura cristiana: débil.Seguirán nuestros pesebres, no sólo con la mula y el buey, y con ferrocarriles, y aeropuertos y carros y bicicletas y juegos mecánicos y todo aquello que se le ocurre a la imaginación de quien lo hace, sobre todo los niños, pero lo importante es lo maravilloso de la catequesis que se desprende de esta hermosa imagen que en verdad enseña más que mil palabras, en ella aprendemos el amor de Dios que nace por todos nosotros en ese, nuestro mundo.

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