Insensibilidad

Abril 16, 2017 - 11:55 p.m. Por: Jorge Humberto Cadavid Pbro

“Muere un pensador del Siglo XXI”

El último libro del escritor y sociólogo polaco Zigmunt Bauman, ‘La ceguera moral’, me ha puesto a pensar que el mal no lo podemos limitar sólo a la guerra, o a las circunstancias en las cuales las personas actúan bajo una presión extrema. Lo vemos cada día y experimentamos que el mal se revela con más frecuencia en la cotidiana insensibilidad al sufrimiento de los demás; no somos capaces de comprender a los otros o de meternos en el cuero del que sufre y terminamos rechazando el compromiso y la disponibilidad por la lucha del Bien Común y es así como decidimos en definitiva ignorar o desplazar la propia mirada ética.

Piensa uno qué está pasando en la humanidad, cuando la preferencia de las gentes es favorecer a determinados líderes que aparentemente no le están haciendo bien al ser humano, sino que son personalidades con un acentuado ideal egoísta, excluyentes y dictatoriales en su proceder con tendencia a humillar al que piensa distinto y a quien no comparte sus gustos, pero pareciera que sus deseos se encuentran reflejados en ellos y por eso salen favorecidos y se mantienen en el primer lugar o en el poder. El mal y la ceguera moral acechan en lo que concebimos como normalidad y en las cosas fatuas, ligeras y vanas de la vida cotidiana y ya no podemos considerar que son sólo para cosas excepcionales, se nos han convertido en pan de todos los días. Lo bueno es malo, y lo malo es lo bueno.

El deterioro moral progresivo se está convirtiendo en característica de nuestro tiempo. Bauman crea una palabra nueva de raíz griega, ‘adiáfora’, para dar a entender este fenómeno, con ella quiere significar todas aquellas actitudes de los seres de hoy en los cuales no quieren ser juzgados ni que entre la valoración, pareciera que estuvieran en un mundo distinto del real, apartados de lo social y de las implicaciones en la persona; debido a esto es que vemos entonces esa tendencia de hacer desaparecer la relación de la religión y aún de Dios de la vida de los hombres, para que no sean ellos los jueces de los actos humanos, y erguirse así superior el hombre, sobre todo.

Por supuesto que esta ceguera moral se manifiesta de una manera muy especial en el mundo de la política, de los políticos, se consideran fuera del alcance evaluativo de la sociedad y de las obligaciones y compromisos morales; de ahí la famosa frase: “¿Usted no sabe quién soy yo?”. Creen que pueden hacer lo que quieren y les conviene a sus intereses egoístas y no permiten que se les ocurra a otros lo contrario o que intervengan en sus pensamientos.

Están contagiando esta ceguera a toda la sociedad y es cuando escuchamos al papa Francisco decir en su carta convocatoria para el año de la Misericordia que terminó el 20 de noviembre del 2016, que la sociedad contempla pasiva y permisivamente “esta lacra putrefacta de la sociedad que es la corrupción”, y nada se hace para impedirla, puesto que a la hora de las elecciones es tanta la ceguera y la torpeza que no vemos que estamos eligiendo a los mismos corruptos, que nos roban el futuro y las esperanzas. Por eso Adela Cortina decía: “Ningún país puede salir de la crisis si las conductas inmorales de sus ciudadanos y políticos siguen proliferando con toda impunidad”.

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