Guerra a pedazos

Abril 21, 2017 - 11:55 p.m. Por: Jorge Humberto Cadavid Pbro

En entrevista publicada el pasado Jueves Santo en el diario La República de Italia, el papa Francisco decía: “Hoy el pecado se manifiesta con toda su fuerza de destrucción en las guerras, en las diversas formas de violencia y de maltrato, en el abandono de los más frágiles, mientras hoy por desgracia, somos presa de una terrible guerra mundial a pedazos”.

Al iniciar el año de la Misericordia, del 2015 al 2016, denominaba el Papa esta violencia, como la tercera guerra mundial a pedazos en una realidad cuya prepotencia y avidez destruye los proyectos de los débiles y oprime a los más pobres, manifestada en la corrupción que está impidiendo mirar con esperanza el futuro de la humanidad, que como “una llaga putrefacta de la sociedad es un grave pecado que grita hacia el cielo pues mina desde sus fundamentos la vida personal y social”. (MV No: 19)

Una cultura ‘narcisista’, donde el ego se levanta por encima del bien común, no sólo insensibiliza la conciencia de estos líderes políticos, sino que es como el espejo del deterioro moral progresivo que se está convirtiendo en característica que está identificando nuestro tiempo; Bauman creó un neologismo para identificarlo con la palabra ‘adiáfora’, que en otras palabras es ponerse fuera de cualquier parámetro. Para los que obran así, muchos de sus actos están fuera del universo de evaluaciones y obligaciones morales, convirtiéndose en dioses a quienes hay que adular y servir incondicionalmente, si no quieren perder sus favores: son nuestros dictadores.

Esos son los más peligrosos comportamientos corruptos, por eso en la entrevista del diario italiano La República, el Papa dice: “No es fácil saber si el mundo actualmente es más o menos violento que antes, ni si los medios modernos de comunicación y la movilidad que caracterizan nos hacen más conscientes de la violencia o adictos a ella”.

Esa es la sensación y la realidad que percibimos, que quienes son así hacen lo que quieren y les conviene a sus respectivos intereses egoístas. No oyen a nadie, no se les ocurre poner orden y sanción a sus comportamientos corruptos, ni permiten que a otros se les ocurra o que intervengan.

Invito a completar esta reflexión con la oración que el Viernes Santo hizo el papa Francisco ante el dolor de Cristo por nosotros, pidiéndole perdón ante nuestra indiferencia, mientras adelanto dos de sus peticiones: “Vergüenza por las demasiadas veces que, como Judas y como Pedro, te hemos vendido y traicionado, y abandonado, para morir por nuestros pecados, escapando como cobardes de nuestras responsabilidades”.

“Vergüenza por nuestro silencio frente a la injusticia, por nuestras manos vagas para dar y ávidas para quitar y confiscar, por nuestra voz que defiende nuestros intereses y tímida para hablar de los intereses de los otros, por nuestros pies veloces sobre el camino del mal y paralizados sobre el del bien”.

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