Gestos y signos

Agosto 13, 2012 - 12:00 a.m. Por: Jorge Humberto Cadavid Pbro

En su editorial del mes de julio con el título de ‘Amar y servir a Colombia’, expresa el Señor Arzobispo en el periódico ‘La Voz Católica’ que como creyentes “tenemos unos derechos y deberes cívicos y políticos que no podemos desconocer ni evadir. El sentido del prójimo y la ley fundamental del amor, incluso a los enemigos, nos convierten en sal de la tierra, levadura en la masa, luz del mundo”, por esto lo primero y más sencillo y que es muy práctico para cumplir es que revivamos los signos y gestos de usanza tradicional que despiertan el sentido patriótico como es el izar la bandera tricolor y entonar el himno patrio, de esta manera renovamos el amor a nuestra nación y el sentido de pertenencia, en momentos en que “nuestra Patria vive horas decisivas, cuando arriesgamos ya, no solo tocar fondo, sino desplomarnos en el vacío”.Revivir la historia, reinventándola con nuestras circunstancias actuales, es crear una nueva identidad que nos lleve a sentirnos miembros y dueños de un destino; nuestro destino. Al celebrar la fiesta de Independencia del 20 de julio estamos trayendo a la memoria una reyerta iniciada en una mañana por don Joaquín Camacho quien se presenta en casa del Virrey Antonio José Borbón, para exigirle respuesta inmediata a una petición sobre creación de una junta de gobierno en Santa Fe, ante su negativa se había preparado aquella gota que llenara el vaso: pedirle prestado al comerciante chapetón, José González Llorente, por parte de Pantaleón Santa María, un florero para adornar la cena de recibimiento a don Antonio Villavicencio, comisario real de visita; ante los insultos proferidos por el chapetón, don Antonio Morales y su hermano, increpan al sabio Caldas para que contestara, pero interviene el alcalde don José Miguel Pey para bajar los ánimos, mientras que José María Carbonell alentaba a la turba que se amotina y al fin de la tarde logran el objetivo de la instalación de la junta de gobierno en Santa Fe, encabezada por José Acevedo y Gómez, llamado el ‘tribuno del pueblo’.Indignación de la colonia, que venía desde los comuneros que marcharon a Santa Fe para pedir derogatoria de impuestos y termina en este hecho del 20 de julio. Otrora los opresores venían de ultramar, ahora se encuentran enquistados dentro de nosotros mismos y elegidos por el pueblo en un fantasioso sentido democrático que hace legal las minorías, y que no tienen el amor y la honestidad, la pulcritud de un Pedro Pascasio Martínez, el hijo de José Mercedes y María del Niño Jesús, sus padres y natural de Belén, municipio Boyacense, quien a los 12 años, habiendo acompañado como soldado a Bolívar, para cuidar sus caballos, en la noche del 7 de agosto de 1819, se encuentra de frente , y escondido en una cueva, huyendo de la derrota patriota, y acompañado del negro José, al General Barreiro. El uno, con una lanza y el otro con un fusil, le llevan preso ante Bolívar, sin haberse dejado corromper por una faja de oro que le ofrecía por su libertad.De nuevo, la importancia de las Iglesias, dígase la religión, “ante la crisis de credibilidad y confianza en las autoridades nacionales y departamentales (baste con mirar lo que nos viene pasando en el Valle del Cauca), nos urge a nosotros como Iglesia a orientar, a ayudar a construir una ciudadanía, a forjar criterios para actuar en la crisis, de modo que no volvamos por los andados caminos de la guerra civil, de la anarquía, del fanatismo partidista o del indiferentismo total. La mayor crisis de Colombia está en carecer de una real y viva ciudadanía”.Que al celebrar estas fiestas patrias iniciando con una ola tricolor el 20 de julio al colocar nuestra bandera en todos los hogares, establecimientos públicos y privados, oficinas y lugares de diversión, indiquemos nuestra indignación con los corruptos, la violencia y se evidencie el nacimiento de un vivo y real sentimiento ciudadano, que quiere el cambio a una sociedad nueva.

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