Escándalo y tontería…

Escándalo y tontería…

Abril 24, 2011 - 12:00 a.m. Por: Jorge Humberto Cadavid Pbro

Pablo, en su entrega incondicional a las tradiciones judías en lo que nosotros llamaríamos hoy en día fundamentalismo y que lo llevó a perseguir a las comunidades cristianas primitivas, había aprendido a conocer negativamente a Cristo como escándalo y tontería e incluso como maldito por lo de su muerte en la cruz. (1Co,18-25; Ga 3,13). Esto se refleja a través de los tiempos partiendo desde el mismo Israel, que mantiene el pensamiento marcado sobre todo por la apocalíptica, según la cual no todos están destinados a la salvación, porque Dios habría subdividido a los hombres en dos categorías: judíos y paganos, muy parecido al dualismo entre justos y pecadores; buenos y malos.Esta división marcó la relación religiosa alrededor de Jesús y se encontró muy precisa entre los monjes del Qumrán con la figura de la oposición entre los hijos de la luz y de las tinieblas, y así mismo los movimientos posteriores como los gnósticos distinguirían muy claramente entre los elegidos y los perdidos. Ya en esta vida y por voluntad de Dios, hacía la diferencia entre los religiosos y los que no lo eran, para terminar identificando a los unos de los otros por las prácticas culturales o rituales, de aquellos que no lo hacían, de tal manera que el hombre quedaba descubierto como materialista, ateo, irreligioso, pagano, infiel, o espiritual, creyente, justo, fiel, santo.Sobre este fondo tan particularista y de marcada exclusividad podemos mirar cómo abre su escrito el autor de la ‘Carta a los Hebreos’ diciendo: “Muchas veces y de muchas maneras habló Dios en el pasado a nuestros padres por medio de los profetas. En estos últimos tiempos nos ha hablado por medio del Hijo”.Precisamente en este Hijo, que no sólo es la Palabra de Dios, sino que es la persona real y concreta que comparte la historia de existencia con los hombres, se convierte en la paradoja más grande para su pueblo y para el mundo entero; es un ‘laico’, que será considerado el ‘Sumo y Eterno Sacerdote’, y no sólo esto es suficiente para ser intolerable para la cultura y los poderes de su tiempo, es que dice que es ‘Hijo de Dios’, entonces es el Mesías, y así se entenderá el posterior título de ‘Salvador’ y por eso tiene un Señorío especial, para tomar la novedad de ser cabeza del cuerpo de la Iglesia, como Pablo lo denomina en Efesios y Colosenses y es así como retoma los aspectos positivos de una fecundidad vivificante, la cruz y la resurrección.Todo lo anterior se suma para enriquecer la experiencia existencial de los creyentes, de los seguidores de Jesús. Es la fe vivida de las comunidades cristianas, alrededor de este nombre y de esta persona que según la sociología religiosa de Israel como históricamente era un simple laico, un hombre de pueblo, que no pertenecía a ninguna casta, era sólo el Hijo de José y de María, el carpintero, con qué autoridad hacía lo que hacía. Él no ofreció vctimas sacrificiales, sino sólo a sí mismo; su sacrificio en vez de suceder en un espacio sagrado, se cumplió fuera, en espacio profano; su sacrificio como don de sí en la muerte en cruz es único e irrepetible; Cristo a diferencia del sumo sacerdote levítico, entró a cumplir su oficio sacerdotal en un santuario celestial, no hecho por mano humana.La gran reflexión que nos queda en la experiencia cristiana y este sacerdote verdaderamente atípico en el que se realiza la nueva y definitiva Alianza, de la cual es Él, el mediador, es cuál debe ser el ser de su Iglesia y de sus sacerdotes, y de sus seguidores.

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