Escándalo y contradicción

Escándalo y contradicción

Noviembre 05, 2012 - 12:00 a.m. Por: Jorge Humberto Cadavid Pbro

Comprobar que si no se hace algo urgente para solucionar el problema de la pobreza, que con ella marcha paralelamente el hambre, el daño y la situación para el 2040 sería irreversible para el ecosistema, como para la existencia del ser humano, es en realidad como lo decía la conferencia de ‘Puebla’ en su número 29: “Como el más devastador y humillante flagelo, la situación de inhumana pobreza en que viven millones de latinoamericanos, colombianos”.Al analizar más a fondo tal situación, podemos concluir que esta pobreza no es una etapa casual, sino el producto de situaciones y estructuras económicas, sociales y políticas, aunque se encuentran otras causas para esta miseria. Debido a estas circunstancias es que vemos en el mundo, Latinoamérica, y en nuestra Patria, “ricos cada vez más ricos a costa de pobres cada vez más pobres” (Puebla No: 30).No es aumentar los impuestos, sino disminuir la brecha de desigualdad y generar más empleos, dignos y estables, para que exista más equidad, para ello no pagarán impuestos los que devenguen hasta $3.350.000, de las siete tarifas del IVA, reducirlas a sólo tres, como la financiación del Sena, del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar y lo que se destina para la salud, que no dependan del empleo, sino que se destine un impuesto a las ganancias de las empresas, equivalente a lo que se deja de cobrar en los llamados parafiscales, ¿esta llamada Reforma Tributaria hará verdadera justicia social y nos sacará del deshonroso lugar entre los países más desiguales del mundo? Retomando la conferencia de Puebla, cuando los obispos de la Iglesia Católica en su sentir evangelizador hicieron opción preferencial por los pobres, ¿han logrado llegar con la Palabra de Dios a los corazones de aquellos empresarios e industriales, lo mismo gobernantes y políticos para convencerlos que es una contradicción con el ser cristiano, la creciente brecha entre ricos y pobres? de tal manera que el lujo de unos pocos no se convierte en insulto contra la miseria de las grandes masas, y entonces en lugar del 8% de impuestos a las ganancias de las empresas aportaran un rubro mucho más alto, y de la misma manera se conviniera un salario más digno para el trabajador que responda a la necesidad digna del sustento de su familia y no a la legalidad institucional, por ahí si estaríamos llegando a una verdadera paz social, que es la que fundamenta la convivencia humana. “Si Dios parece dejarnos de su mano es porque nosotros hemos dejado al prójimo de la nuestra. La tierra se seca porque el amor se ha marchado de ella” (San Basilio). Países como el nuestro, en donde con frecuencia no se respetan los derechos fundamentales: vida, salud, educación, vivienda trabajo, están en situación de permanente violación de la dignidad de la persona y a esto le podemos sumar las angustias surgidas por los abusos de poder, típicos de los regímenes de fuerza. Angustias ante un ejercicio de la justicia sometida o atada, es por lo que la Iglesia y ella somos todos los bautizados, debe hacer oír la voz que denuncia y condena esas situaciones y más aún cuando los legisladores, los gobernantes y los políticos, como los empresarios e industriales se profesan católicos, o cristianos.

VER COMENTARIOS
Columnistas