Entre lo espiritual y lo religioso

Entre lo espiritual y lo religioso

Abril 01, 2013 - 12:00 a.m. Por: Jorge Humberto Cadavid Pbro

Es muy común hoy en día escuchar la frase “Yo soy espiritual, pero no religioso”, es el grito de independencia que quiere dar la humanidad ante cualquier estructura que le lleve a practicar y creer en ciertas acciones que podemos llamar cultos y ritos, para avivar con ello el sentido de lo transcendente, lo bueno y lo malo, la salvación y la condena, que de una u otra forma se encuentran en las religiones y que por el ejemplo erróneo de quienes las dirigen, se han desprestigiado y el hombre se refugia en su individualismo y busca su espiritualidad a su manera, sin obligaciones ni responsabilidades comunitarias ni dogmáticas.El más antiguo pensador de Occidente, Sócrates, declara que el hombre por naturaleza es religioso. Pero en la sociología de la religión encontramos a pensadores como Marx que cuando dice: “La religión es el opio de los pueblos” lo que está afirmando es la función social que cumple la religión al darle salida con una esperanza a los pueblos oprimidos, es la compensación de su situación socioeconómica. Muy cercano está Max Weber cuando para él la religión tiene poder suficiente para construir la representación que un individuo se hace del mundo, por eso como Marx, la religión es la respuesta del sufrimiento e infortunio de los pueblos, y finalmente Durkheim entiende que no se puede pasar por alto la existencia de las religiones, ya que el hombre percibe la existencia de una fuerza superior a él, a lo cual le atribuye entidad sobrenatural.Es interesante observar hoy en día la importancia que en salud se les está dando a las investigaciones al respecto; investigaciones realizadas en la universidad de Chicago, decían que los afroamericanos que creen profundamente en Dios eran menos proclives a estar deprimidos que los no creyentes, y el profesor Harold Koenig, de la universidad de Duke, afirmó que la religión ayuda a proporcionar un sentido de esperanza, paz y bienestar, que a su vez, puede reducir las hormonas estresantes que dañan la salud.Religiosidad y espiritualidad tienen que ver con la fe y la razón, estas dos fuerzas son las que nos llevan a conocer: cree para comprender y comprende para poder creer, el creer abre el camino para cruzar la puerta de la verdad, pero también de manera inseparable hay que escrutar la verdad para encontrar a Dios y creer, por esto el santo Augustín termina diciendo: “Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto, hasta que descanse en ti”.En estos días especiales de encuentro por lo religioso con la gran espiritualidad, permítame transcribir este bello trozo de las confesiones de San Augustín: “¡Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé! Y he aquí que tú estabas dentro de mí y yo fuera, y por fuera te buscaba; y deforme como era, me lanzaba sobre estas cosas hermosas que tú creaste. Tú estabas conmigo, mas yo no lo estaba contigo. Reteníanme lejos de ti aquellas cosas que, si no estuviesen en ti, no serían. Llamaste y clamaste, y rompiste mi sordera; brillaste y resplandeciste, y fugaste mi ceguera; exhalaste tu perfume y respiré, y suspiro por ti; gusté de ti, y siento hambre y sed, me tocaste, y abracéme en tu paz”.

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