¡El viento se abate sobre la casa!

Junio 08, 2012 - 12:00 a.m. Por: Jorge Humberto Cadavid Pbro

L’Osservatore Romano del 30 de mayo publica una entrevista con el arzobispo substituto de la Secretaría de Estado del Vaticano, Angelo Becciu, sobre el asunto de los documentos extraviados al Papa, presuntamente por su ayuda de cámara.Una parte de los artículos publicados por la prensa en estos días, como muchas de las opiniones en los medios de comunicación, insiste en que los documentos extraídos o robados del Vaticano revelan el mundo turbio existente entre los muros de la Iglesia. Unos, acusan a la Iglesia de gobernar de modo absolutista; otros se escandalizan de que algunos, escribiendo al Papa, expresen ideas o quejas sobre la organización del gobierno mismo.Tratar de justificar el hecho del robo de las cartas y su publicación en los medios con una pretensión de transparencia y reforma de la Iglesia, no lo hace lícito robar y menos aceptar lo que otros han robado. No puede haber renovación que pisotee la ley moral, quizá basándose en que el fin justifica los medios, principio que además no es cristiano.Cada vez más se está manifestando la deformación que se tiene de la imagen de la Iglesia, por ello se entiende el dolor del Papa ante esta acción brutal contra la intimidad y la confianza de todos aquellos que de una forma u otra se dirigieron a Benedicto XVI como pastor universal y las ven publicadas; han violentado las conciencias de aquellos que se dirigieron al Pontífice y es un atentado al ministerio del sucesor de Pedro, el Apóstol.Ante ese creciente descontento por la imagen de la Iglesia y en muchos casos su exagerada y exacerbada crítica y la rapidez con la cual se difunde cualquier acontecimiento negativo de la Iglesia, debe disponerse la atención de quienes están al frente de ella, puesto que nos hace reflexionar y es un estímulo a todos los que formamos y queremos la Iglesia, para esforzarnos a fondo en el testimonio que tenemos que dar al mundo con nuestras vidas y así exigirnos en ser fieles a Jesús y al Evangelio.En muchas ocasiones, y siguiendo los consejos evangélicos, la Iglesia por piedad con el pecador, con el que ha fallado, no puede salir a acusarlo públicamente, sino que tiene que guardar silencio y es allí cuando debemos entender las palabras que dirigió el Papa Benedicto XVI en la audiencia del miércoles 30 de mayo al hacer referencia a estos sucesos: “Los acontecimientos de estos días, referidos a la Curia y a mis colaboradores, han llevado tristeza a mi corazón; pero nunca se ha ofuscado la firme certeza de que, a pesar de las debilidades del hombre, las dificultades y las pruebas, el Espíritu Santo guía la Iglesia y el Señor la ayudará siempre sosteniéndola en su camino”. “Sin embargo, se han multiplicado las conjeturas, amplificadas por algunos medios de comunicación, del todo arbitrarias, y que han ido mucho más allá de los hechos, ofreciendo una imagen de la Santa Sede que no se corresponde con la realidad. Deseo por ello alentar y renovar mi confianza a mis más estrechos colaboradores, así como a cuantos me ayudan en el cumplimiento de mi ministerio cotidianamente, con fidelidad, espíritu de sacrificio y en el silencio”.

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