El poder de la razón

El poder de la razón

Octubre 01, 2017 - 11:50 p.m. Por: Jorge Humberto Cadavid Pbro

Durante varios meses, desde el momento de la firma de las conversaciones de La Habana, para dar ese primer paso hacia la paz tan deseada por los colombianos, empezó la moda de llevar en la solapa, sobretodo de los hombres del gobierno, el pequeño y blanco símbolo de la paz que hoy vemos desaparecer de su lugar porque se bajó del pecho presidencial para entregárselo al papa Francisco.

“La Misericordia y la fidelidad se encuentran, la justicia y la paz se besan”, al citar el versículo 11 del salmo 84, quiero llegar a entender que el traspaso del símbolo de la solapa presidencial a las manos del papa Francisco es entrar por el camino en el cual la visita del enviado del Señor ha venido a traernos y así disponernos a dar el segundo paso: “Señor, tú has sido muy bueno con este País tuyo, has devuelto su felicidad a Jacob, has perdonado la maldad de tu pueblo y todos sus pecados, has calmado por completo tu enojo y tu furor”.

Cuando estamos todavía saboreando con el alma las palabras del Papa, y tratando de mirar con la razón la forma práctica de cancelar la historia tan sufrida de Colombia, esa deuda que solo cuando La Misericordia pueda dar espacio a la justicia sanará las heridas de tantos colombianos, pareciera que esa capacidad natural para juzgar rectamente y poder distinguir entre lo bueno y lo malo, tener ese sentido común que se desprende de una sincera conversión, presenciamos en varios hechos que nos reflejan sus actitudes que el nuevo partido que nace del haber dejado las armas y entrar a la política no abandona su sigla Farc, porque como dice uno de sus jefes mayores, con ese lema hicieron historia y no la deben abandonar: historia de sangre, sufrimiento, muerto, dolor que, como decía el papa Francisco, ha dejado heridas muy profundas en el alma de los colombianos.

Pero con esa alegría y esperanza que nos pide el Papa no nos la dejemos arrebatar por más que las tinieblas quieran apagar la luz cuando vemos aprovecharse de la generosidad de un auditorio académico para desde allí amenazar a uno de los dirigentes colombianos con decirle que para eso se creó la JEP, para llevar a personas como él ante esa justicia; pero como se dice en el vulgo, dentro del pueblo: “Echarle sal a la herida del enfermo” es ya el colmo de la falta de sentido común y sindéresis para entender en qué momento estamos, y qué tanto se les está exigiendo al pueblo y a las víctimas, cuando se hace un homenaje a quien ha sido denominado el más sanguinario de los miembros de esa guerrilla.

Déjenme mis queridos lectores terminar para nuestra reflexión con unas palabras del discurso de Benedicto XVI en Ratisbona, que nos ayudan a pensar que debemos cambiar definitivamente para que la justicia y la paz se besen, porque cuando colapsa la fe en las concepciones de la razón, se explica en gran parte el desorden evidente en nuestro mundo: “Cuando un Dios está más allá de la razón, es un Dios que exige y demanda irracionalidad, desorden y violencia”. En un discurso de tan solo 4000 palabras, Benedicto logró identificar la patología interior que corroe gran parte del mundo. Fue allí donde dejó claro que la razón purifica la fe de la superstición y el fanatismo. Y la fe ensancha los horizontes de la razón para abordar las cuestiones más fundamentales de la vida.

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