¡El mayor líder!

¡El mayor líder!

Diciembre 18, 2010 - 12:00 a.m. Por: Jorge Humberto Cadavid Pbro

En esta época es muy propicio tener tiempos de reflexión por tantas circunstancias que colaboran para que el espíritu humano se adentre en su intimidad y descubra allí tantas cosas que, por el vivir a la carrera y con el afán de cada día, se van arrinconando en los pliegues de la conciencia. Una de ellas es el retomar que el mayor líder no es el que es capaz de gobernar el mundo, sino aquel que es capaz de gobernarse a sí mismo; eso nos lo afirmaba la sabiduría de los griegos: “Conócete a tí mismo”.Pareciera que la gran enfermedad del mundo moderno, de nuestro mundo, es ‘la ansiedad’; ella estanca el placer de vivir, fomenta la irritabilidad, estimula la angustia y genera un universo de enfermedades sicosomáticas. Un mundo así construye un hombre preocupado de manera exagerada por sobrevivir, y a eso se debe que su imaginación vuele de tal manera que vive en la virtualidad, aferrándose al tener y descuidando el ser. Hemos aprendido a gobernar el mundo exterior, pero la gran dificultad la tenemos en manejar nuestro mundo interior, ese que tiene que ver con los pensamientos y las emociones.Esta inversión de los valores es la cultivadora de la ansiedad con sus frutos más funestos: inseguridad, miedo, aprensión, irritabilidad, insatisfacción, angustia, tensión y cada que avanza el mundo, aumentan en frecuencia e intensidad, produciendo actitudes de egoísmo e individualismo en las personas que llegan a relativizar la verdad y la vida, convirtiéndola en desechable, pasajera, light. Se encuentran con un muchacho o muchacha, una persona que tiene de todo lo material posible y no sacia nunca su deseo de poseer produciéndole insatisfacción e inseguridad permanente.Descubrimos que no somos capaces de disfrutar las cosas pequeñas, que abundan y que enriquecen la existencia, pero es precisamente la ansiedad la que nos frena el poder disfrutarlas; por eso el mayor desafío que tenemos es liderar nuestros pensamientos y emociones, nuestro mundo inteligente.El 28 de noviembre la Iglesia Católica inició lo que ella llama un nuevo año de la fe, pero lo que empezó es el camino hacia la felicidad, puesto que Dios abandona su espacio propio para encontrarse en la tierra con el hombre. Y la finalidad de este encuentro no es otra cosa que enseñarle al ser humano a descubrir en su interior la fuerza suficiente para poder ser pleno, realizado, feliz.Emmanuel, que es el nombre de ese Dios que viene al encuentro del hombre, es de personalidad abierta e incluyente, no clasifica a nadie, todos son dignos de relacionarse con Él, por malo que fuese su pasado; Él es la propuesta propia para tí y para mí; con Él será posible dominar la inseguridad frente a las contrariedades y las situaciones tensionantes; dejar de ser un rico pobre, porque se aprenderá con Él a manejar las emociones y disfrutar de las cosas pequeñas, y con Él aprenderemos a recorrer los caminos de la vida hacia el interior del ser; seremos los mejores ejecutivos que controlamos, no el mundo de los otros, sino nuestros propios pensamientos y emociones; Él será nuestro mayor líder.

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