El camino para la paz

El camino para la paz

Septiembre 14, 2012 - 12:00 a.m. Por: Jorge Humberto Cadavid Pbro

La asamblea de todos los obispos de la Iglesia Católica que se reunió hace ya 50 años en este octubre del año 2012 y que se denominó Concilio Vaticano II, entre sus documentos, poco conocidos por el mundo y aun por los mismos católicos, generó la constitución pastoral ‘Gaudium et Spes’, la cual trata de responderle al mundo el por qué y para qué está como institución actuante en medio de nosotros, al decir: “La Iglesia, cuya misión es fomentar y elevar todo cuanto de verdadero, de bueno y de bello hay en la comunidad humana, consolida la paz en la humanidad para gloria de Dios” (No. 76).Ahora, cuando después de más de 50 años de haber aparecido sobre el territorio colombiano ese grupo de unos 44 campesinos que buscaban justicia agraria, capitaneados por ‘Manuel Marulanda’, campesino de Génova, Quindío, y en compañía de algunos maestros de escuela y campesinos que se le juntaron y que más tarde se configuró como la Farc, y que en su recorrido en el tiempo y en nuestra historia han mezclado sus reclamos con medios, métodos y alianzas muy reprochables, de tal forma que ya no es la justicia , sino un negocio, un estilo de vida, un poder por alcanzar, ya muy alejados de ese reclamo inocente y justo para conseguir una tierra en dónde poder realizarse como personas dignamente y ante el pasar de los años y el no lograr los objetivos iniciales, pero sí sembrando dolor, angustia, pobreza y muerte en Colombia; una vez más se piensa en diálogos para la paz.La Iglesia recibe con entusiasmo y esperanza el que se abra de nuevo la oportunidad y por eso recuerda su compromiso número 77 de la ‘Gaudium et Spes’ al decir que la misión, y naturaleza de su presencia en el mundo como Iglesia, “coincide con los más profundos anhelos y deseos del género humano, luzca en nuestros días con nuevo resplandor al proclamar bienaventurados a los constructores de la paz, porque serán llamados hijos de Dios (Mt 5,9)”.El primer llamado de la Iglesia en Colombia, después de condenar la guerra, es pedirle a cada uno de sus hijos que con el auxilio de Cristo, autor de la paz, coopere con todos los hombres y ponga sus esfuerzos en cimentar la paz en la justicia y el amor, y a no negarse a aportar para lograrla. Porque la paz no depende sólo de una persona o de un momento, porque como lo dice el mismo documento citado, “la paz no es la mera ausencia de la guerra, ni se reduce al equilibrio de las fuerzas adversarias, ni surge de una hegemonía despótica, sino que con toda exactitud y propiedad se llama la obra de la justicia (Is 32,7)”, debe ser un empeño del Estado, lo proclama su Constitución, es deber fundamental del Gobierno. Entonces debe ser la política fundamental de convivencia ciudadana, puesto que si se considera una política verdadera busca calmar la sed de una más perfecta justicia en la búsqueda del Bien Común, incluyendo a todos los ciudadanos en su construcción y dotando de las mismas garantías a todos, por eso se convierte en propósito nacional, continuo, y permanente, debido a ello no debe ser de un momento sino estar en el plan del Estado.La alegría es inmensa, pero no podemos esperar que en un breve tiempo la logremos y mucho menos esperar que sin la cooperación de todos, el sacrificio de muchos, la reconciliación y el perdón de las víctimas de la guerra, la restauración del daño causado, y el esclarecimiento de la verdad, no vayan a quedar frustrados por el afán de lograr resultados a costa de la dignidad de la Nación, la soberanía de la Justicia y el respeto por el dolor y sufrimiento de las víctimas, por eso conscientes como cristianos de la fragilidad humana causada por el pecado enquistado en nuestra naturaleza, esperamos que la gracia de lo alto acompañe a todos los que trabajan por la paz.

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