¡Educar!

Marzo 03, 2012 - 12:00 a.m. Por: Jorge Humberto Cadavid Pbro

Cuando muchas voces se alzan al pensar en el oficio que pueden desempeñar las Iglesias (religiones) en la sociedad, el banquero del sonado caso ‘Banesto’, en conferencia ante muchos financistas alemanes y en la propia Alemania, interviniendo por invitación de la universidad de la mística, en el congreso de ‘la ciencia a la mística’, hablando de lo que puede aportar la espiritualidad a la economía y refiriéndose a las causas que llevaron a la crisis financiera actual y lo que no se debe hacer para caer de nuevo en otra parecida, se refirió como algo fundamental y básico afirmando: “Hay que conseguir que la gente recupere algo tan sencillo como el sentido de la transcendencia del ser humano, y eso es un problema de educación”.El mensaje de año nuevo para el 2012 que últimamente los papas dedican a la jornada o mensaje por la paz, fue direccionado especialmente a la juventud para invitar a todos a la maravillosa aventura de la educación de la juventud, en la justicia y la verdad, pero con la urgente necesidad de entender que el mejor maestro es el que testimonia con su vida lo que enseña y en ello está primeramente el deber y la obligación en la formación y conducción de los jóvenes por parte de sus padres, la familia. Y en una segunda instancia las instituciones educativas.Pero no sólo lo dice un economista exitoso, o un líder religioso, el informe Delors, elaborado por la comisión internacional para la educación del Siglo XXI de la Unesco, definió hace ya un tiempo cuatro grandes pilares para la educación del futuro: aprender a hacer, aprender a ser, aprender a aprender, y aprender a convivir, que son los saberes que un buen educador aplica y desarrolla en sus educandos y que formaban parte no sólo de los valores que se aprendían en el hogar fundamentalmente, sino que vivían y practicaban en su formación los buenos maestros en las escuelas y los colegios, pero que se fueron perdiendo a medida que nos modernizábamos y tecnificábamos para responder a la velocidad con el cual avanza el mundo, y fueron resultado de las diversas crisis sociales, económicas y políticas por las cuales ha pasado la sociedad, el Estado, y se convertían en políticas de los diferentes gobiernos.Mirar lo que hoy acontece en el país, o en los países, lo que se escucha en los medios de comunicación, los programas que adquieren mayor sintonía, lo que hace noticia y escandaliza a la sociedad, en el campo del manejo del Bien común, la justicia, la política y por qué no, donde se palpa el comportamiento ciudadano, la moral de los individuos que se hace visible en los malos modales, la falta de respeto, o desobediencia a las normas y leyes y un total abandono de los valores morales, con la consecuente irresponsabilidad y atentado contra la dignidad personal y comunitaria con la manifestación de una cultura de muerte generalizada.Hay que ponerle un poco de cuidado a lo que dice Carl Honoré: “Creo que vivir deprisa no es vivir, es sobrevivir. Nuestra cultura nos inculca el miedo a perder el tiempo, pero la paradoja es que la aceleración nos hace desperdiciar la vida”. Por esto es necesario educar para el Espíritu, aunque parezca que se pierde tiempo, se gana en calidad de existencia.

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