Decidir con libertad

Agosto 19, 2016 - 12:00 a.m. Por: Jorge Humberto Cadavid Pbro

Pareciera que a muchos colombianos les está ocurriendo algo parecido a lo que se llamó ‘síndrome de Estocolmo’, pero ahora su connotación es en referencia a no quedarse sin montarse en la locomotora de la Paz, y por eso estamos escuchando propuestas para demostrar este amor y contribución con los posibles desmovilizados del grupo de las Farc que llegan a máxima generosidad de tal forma que más bien pareciera que los otrora guerrilleros, bandidos, terroristas, narcotraficantes, son los héroes de la nueva Colombia, porque decidieron reinsertarse a la sociedad y no nos volverán a secuestrar, extorsionar, expropiar o arrasar pequeños poblados, corregimientos y por eso les premiamos su decisión y buscamos posicionarlos lo mejor posible en nuestra nación: “Que sean congresistas de día y de noche en sus residencias paguen la cárcel”, si resultasen condenados por algo.Disentir hoy de lo que se está acordando en La Habana y que en lugar de hablar con claridad y decir que son unos puntos de negociación con uno de los grupos guerrilleros más antiguos y que mucho daño le ha hecho a Colombia, no es oposición irracional a la paz, sino patriótica advertencia de evitar ir por un camino que lleva a la prolongación de la guerra, ello no es oposición personal al señor Presidente, puesto que la paz, eso sí es un error: no es de una persona o un partido, es de todos y para todos, es de Colombia. No es sensato decir que hay que votar negativamente el plebiscito sin conocer el texto definitivo de los acuerdos, pero de la misma manera pedir votar ciegamente sí, porque es mejor una Paz imperfecta que una guerra perfecta y esto apoyado por una campaña a todo dar por el gobierno, es irrespetar la oposición, que también es parte de la Patria. Lo más sensato es la serenidad con firmeza y claridad no aceptando condiciones que prolongan la guerra, así es como se defiende racionalmente una verdadera Paz.Es casi obvio que si el plebiscito tuviese dos preguntas conoceríamos ya sus respuestas: la mayoría casi absoluta desea decirle Sí al bien inestimable de la Paz, pero habría por lo menos medio país que rechazaría el proceso no bien cimentado, que no tenga una decisión clara de proscribir métodos violentos, que no aceptará la responsabilidad de crímenes violentos respondiendo ante la justicia por ellos, contribuir a la reparación de las víctimas y entrando sin privilegios a las contiendas electorales, al acudir al voto popular realmente libre, firmarlas sin esas bases, es caer en ese síndrome de querer exaltar una decisión que no es clara y que deja las puertas abiertas para los grupos que quedan vivos, los cuales pedirán esos beneficios y muchos más para condicionar la Paz.No todo lo pactado está aprobado, hasta que no esté todo acabado, pero a su vez no es la verdad absoluta que no se pueda corregir, perfeccionar, revertir, aclarar; cuatro ojos ven más que dos y si perdiese el Sí, en alguna oportunidad manifestaron los abogados que asesoran al grupo guerrillero, que ellos no volverían a las armas, sería ahora sí la gran oportunidad para que Colombia y toda ella decida cómo hacer la Paz, y no unos cuantos.

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