¿Asesinar también la esperanza?

Enero 29, 2014 - 12:00 a.m. Por: Jorge Humberto Cadavid Pbro

En comunicado urgente de la Arquidiócesis del sábado 25 de enero recibimos la noticia de que en el Templo de Santa Cecilia, el día anterior, viernes, la cultura de la muerte que impregna nuestra ciudad hizo su entrada para eliminar en recinto Sagrado y lugar privilegiado de refugio, a una pareja. Precisamente, me encontraba frente al computador tratando de reflexionar sobre un tema para esta columna de opinión, que sale a luz pública el día menos pensado y sin compromiso adquirido, solo cuando la oportunidad indica que hay un espacio al cual se puede llenar con nuestra humilde reflexión, y estaba haciendo el resumen de las ideas para la página web parroquial sobre la Palabra de Dios de este tercer Domingo del tiempo ordinario y sintetizaba la idea de las tres lecturas en: “Solo aceptando a Jesucristo en nuestras vidas, logramos la unidad de los pueblos y que brille la luz en las naciones y pase el terror de las tinieblas en que nos hemos sumergido por ausencia de la obediencia a la Palabra divina”.Por supuesto que tengo muy viva la reacción que han producido las palabras de la pastora, y según palabras del mismo gerente del movimiento Mira, equiparable a la dignidad papal en su credo religioso y me aterrorizaba el mal uso de la persona tanto de Jesucristo, como del mismo Dios, para ponerlo al servicio de unas ideas y objetivos muy humanos y engañosos, pero tratando de convencer que si en 40 años han hecho lo mismo y han adquirido las riquezas que poseen, eso es la bendición y aceptación de Dios a lo que hacen y por supuesto, ante lo sucedido allí y que se transmite profusamente por los medios, pienso que eso junto con lo de otras, porque no solo son ellos, sino también todos los que usan el nombre de Dios y las religiones para su beneficio, los que hacen que ese valor transcendente se vaya diluyendo en lo ordinario y cuotidiano de tal manera que se llegue al irrespeto, tanto del lugar, como de la persona que representa u ostenta lo sagrado.Pero no solo esto hay que mirarlo en el campo religioso; es la vida total del ser humano, de nuestros hombres y mujeres que están viviendo un momento de la sociedad en el cual las instituciones que sostienen la convivencia social, se desmoronan ante la arremetida de los ciudadanos que por sus egoísmos o intereses personales de poder, económico, político o social, desconocen las normas, las leyes, las instituciones y tratan de imponer a la fuerza sus emociones y sentimientos por cualquiera de las vías que se presten para lograrlo de tal manera que se actualiza en el subconsciente de las masas, aquello de si, el lo hizo, porque yo no: “¿Para dónde va Vicente? ¿Para donde va toda la gente? Es la circunstancia, es el momento, es esa cultura líquida, que se acomoda a la mejor sombra, definida hoy por el relativismo en la verdad, y por el secularismo en lo espiritual.¿Cómo salir de esta encrucijada? ¿Cómo no asesinar la esperanza?: vuelvo a la reflexión que me tomaba cuando me encontré con el mensaje urgente de la Arquidiócesis: “Les ruego, hermanos, en nombre de nuestro Señor Jesucristo, pónganse todos de acuerdo, y que no haya más divisiones entre ustedes; permanezcan unidos en un mismo sentir y un mismo parecer” (1Cor 1,10-13.17)

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