Arancel a la vista

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El viernes 21 de noviembre en su homilía de la aconstumbrada misa...

Arancel  a la vista

Noviembre 29, 2014 - 12:00 a.m. Por: Jorge Humberto Cadavid Pbro

El viernes 21 de noviembre en su homilía de la aconstumbrada misa de la casa Santa Marta, el papa Francisco condenó el que algunas parroquias se convirtieran en casas de negocio y hagan pagar por la celebración de algunos sacramentos, como el bautismo y el matrimonio, afirmando que “cuantas veces hemos entrado en esas Iglesias y vemos la lista de los precios por los servicios que se prestan; eso se llama arancel eclesiástico y es el decreto episcopal sobre lo que todos los curas en sus parroquias deben recibir como ofrendas a los servicios que se prestan, y que debe ser colocado a la vista de los feligreses”. Yo siempre había pensado lo mismo; cómo para ser cristiano, y recibir la gracia de un Sacramento, se debía pagar y hacía la misma crítica condenatoria para quienes lo practicaban, pero ahora que soy cura, me doy cuenta de las razones por las cuales existen estos aranceles y se piden estos estipendios. Entiendo que si viviéramos el ideal cristiano a la manera que lo concibieron las primitivas comunidades que arrancaron de la Resurrección de Jesucristo y que encontramos sus narraciones en el libro de los Hechos de los Apóstoles y que la Iglesia considera como normativas para ella, esto no ocurriría, pues realmente es el ideal cristiano para lograr. En algunas naciones del mundo existe el impuesto de religión y por este medio hay un subsidio que ya con ello sería una forma para evitar el cobro de los Sacramentos, no es el camino perfecto debido a las diversas ideologías que quieren una independencia de lo civil con lo religioso, pero a su vez ello indica que los ciudadanos de un mismo estado son de muchas ideologías, religiones, políticas y el Estado debe solucionar la problemática de todos, no excluir aunque sean minorías. Pero a su vez nos invita a reflexionar que entendida la Iglesia como una familia, una comunidad, todos son miembros de ella y deben participar y ser solidarios para el desarrollo de los objetivos que se pretenden o viven en dicha comunidad o Iglesia y solucionar las formas logísticas y de Evangelización que necesitan para todos tener el adecuado servicio que los lleve a alcanzar sus fines. Precisamente el papa actual, pertenece en su formación, educación y vida, a una comunidad religiosa, los Jesuitas, que tienen un método y una disciplina que por los votos religiosos, propios de estas comunidades, y como lo dice el decreto conciliar, Optatam Totius (formación de los clérigos) y Perfectae Caritatis (renovación de la vida religiosa), ellos constituyen el modelo para todos de lo que es el seguimiento de los consejos evangélicos y nos dan escuela de vida cristiana por su testimonio vivencial en los votos de pobreza, castidad y obediencia,  práctica que ha tenido el papa Francisco en casi toda su vida desde que resolvió ser miembro de los jesuitas, y en la Iglesia se notan estas dos posiciones ante el ejercicio pastoral: La de los religiosos; la de los diocesanos hay estos dos bandos, los sacerdotes, religiosos, y los diocesanos, Aparentemente unos desprendidos de los apegos terrenales, por sus votos y espiritualidad, los otros obligados a meterse al mundo para sostener el peso estructural de la mundanidad en la Iglesia.  Ser párroco es enfrentar la Evangelización dentro del mundo con los avatares que conlleva la mundanidad; ser religioso , como el papa Francisco es hacer lo mismo pero respaldado en la evangelización, por una estructura de la cual solo es un miembro aportante a ella y otros trabajan en lo que desgasta al párroco: lo material, para que se realice mejor esa Evangelización.

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