Anular - divorciar - disolver

Anular - divorciar - disolver

Mayo 13, 2016 - 12:00 a.m. Por: Jorge Humberto Cadavid Pbro

Aunque seamos el país donde menos uniones matrimoniales se realizan, nos inquieta el poder entender y conocer qué modificaciones o respuestas nos dan los pastores de la Iglesia a la realidad del matrimonio, que es precisamente una de las barreras para una aceptación y práctica del credo católico hoy en día.Prioridad uno-A del papa Francisco: la familia. Decía en la misa inaugural del Sínodo del 2015, que el sueño de Dios atraviesa por el corazón de la familia y debido a ello proclamó el extraordinario del mismo tema para el 2014 y hoy ya tenemos el documento en el cual nos presenta la síntesis de todo lo hablado por quienes intervinieron en ambas convocatorias y así lo manifiesta en la exhortación Apostólica Postsinodal ‘Amoris Laetitia’: “Como han indicado los Padres sinodales, a pesar de las numerosas señales de crisis del matrimonio, el deseo de familia permanece vivo, especialmente entre los jóvenes, y esto motiva a la Iglesia” (Al.No:1)Quisiéramos saber si ya se pueden anular o divorciar muchos de los matrimonios que hoy decimos están en problemas, sabiendo la Iglesia que su deber es la búsqueda de la verdad para hacer justicia y no suplantar la voluntad de Dios, expresa en Mateo 19,6: “Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre”. Por eso es un error terminológico decir que la Iglesia anula matrimonios: los declara nulos si es el caso, constatan los tribunales de la Iglesia una nulidad preexistente, es decir, que antes de su realización existía esta causa que lo inhabilitaba. La Iglesia no está autorizada por Jesucristo para disolver o declarar el divorcio de ningún matrimonio rato y consumado.Por esto tiene mucha importancia acercarnos al contenido de la exhortación para que abramos caminos a la gracia de Dios en nuestra conciencia, así lo dice después de hacernos la presentación e importancia del documento el mismo papa cuando explicita: “Espero que cada uno, a través de la lectura, se sienta llamado a cuidar con amor la vida de las familias, porque ellas no son un problema, son principalmente una oportunidad” (Al. 7).Y porque teniendo en cuenta el tiempo de gracia, del Año de la Misericordia nos recuerda en el número 295 lo que proponía San Juan Pablo II, la ley de la gradualidad con la conciencia de que el ser humano conoce, ama y realiza el bien moral según diversas etapas de crecimiento. Es aquí cuando debemos entender una de las ideas que cruzan todo el documento cual es el discernimiento que nos debe ayudar a encontrar los posibles caminos de respuesta a Dios y de crecimiento en medio de los límites. Por creer que todo es blanco o negro a veces cerramos el camino de la gracia y del crecimiento, y desalentamos caminos de santificación que dan gloria a Dios.Evitar con el discernimiento, y el acercamiento personal, la pastoral de los fracasos, de las barreras, ser más dialogantes y acercarnos al cristiano que tiene herida su vida afectivo matrimonial, haciendo ese esfuerzo por consolidar los matrimonios y prevenir las rupturas, por eso se deben abrir espacios sensibles de escucha y misericordia en todas las parroquias y así acercar en la confianza a aquellos que se sienten alejados por esta situación. Hacer un itinerario de acompañamiento que oriente a estos fieles a la toma de conciencia de su situación ante Dios. En el fuero interno, la conversación con el sacerdote, contribuye a la formación de un juicio correcto sobre aquello que obstaculiza la posibilidad de una participación más plena en la vida de la Iglesia y sobre los pasos que pueden favorecerla y hacerla crecer.

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