Tres pelos

Tres pelos

Junio 27, 2016 - 12:00 a.m. Por: Jorge E. Rojas

Mientras la Alcaldía anunciaba a través de sus hermosos comunicados de prensa que este 24 de junio -es decir el pasado viernes- terminaría la verificación de los 604 ‘beneficiarios’ pendientes del proceso de restitución de tracción animal en Cali, cuadrillas de trabajadores del área de Telecomunicaciones de la Empresa de Servicios Públicos de esta ciudad salían a hacer reparaciones montados, justamente, en carretillas. El argumento de los abnegados trabajadores fue que los carros necesarios para hacer esa labor estaban varados y que por eso no les quedó de otra. De paso, entonces, aprovecharon para protestar.Entre las fotos que aparecieron dando vueltas en Facebook, se pueden ver hasta cuatro obreros acomodados en una carreta enganchada a un caballo blanco. En la foto de otra carreta, lo que le habían echado encima para que otro caballo arrastrara: rollos de cable y una de esas escaleras gigantes que utilizan los técnicos para llegar a la cima de los postes de luz; esa, en particular, es una postal del cinismo: mientras uno de los hombres acomoda el armatoste en el volco, al fondo se ve estacionado un campero blanco con el logo de Emcali y el conductor adentro; a pocos pasos, uno de los operarios de overol toma fotos con un celular.Otra de las fotos fue tomada por encima de la cabeza de un caballo alazán: tiene la crin rusia y los huesos del lomo que le sobresalen puntudos. Está enganchado a una carreta donde la abnegación de uno de los operarios sonríe mirando a la cámara desde el puesto del jinete; posa vestido de pantalón azul, casco amarillo y una camiseta blanca que en letras rojas le infla el pecho con una leyenda escrita en mayúsculas: Yo defiendo a Emcali.¿Tanto eso como todo lo demás era un montaje? Quizás. La gerente de la empresa, Cristina Arango, precisó que de los 160 vehículos con que cuenta Telecomunicaciones, solo 40 estaban varados, por lo que los operarios sí tenían carros para trabajar. Pero como en esta ciudad soñada las leyes, y mucho más las que protegen a los animales, valen tres pelos, no pasa nada. No pasó nada. Y probablemente tampoco pase. Es lo que suele suceder.A las cinco de la mañana de ese mismo día, en la pesebrera donde la Fundación Sentir Animal lo había llevado para tratar de curarle las heridas, murió el caballo que semanas atrás había sido agarrado a patadas y piedra por Jaider Giovany Marín, una bestia de 29 años que vive en el barrio Potrerogrande, donde sucedió la aberración que las autoridades de esta ciudad calificaron como un simple maltrato (http://www.elpais.com.co/elpais/opinion/columna/jorge-e-rojas/animales).No resistió más, dijo Íngrid, la médica veterinaria que trató de ayudarlo por días y noches enteras. Según Lida, la directora de la Fundación, casos así, sufrimientos así, muertes así, se repiten una y otra vez: “… la mayoría llegan moribundos pero hay algunos, como este caballito, que empiezan a salir adelante, superan unos días y luego de un momento a otro se mueren… Como que apenas llegan al buen trato, a la tranquilidad, se rinden definitivamente después de tanta crueldad acumulada en contra de ellos… Es algo inexplicable… Otras muchas veces el cambio de dieta, de solo mogolla, a caña y concentrado, les da cólicos que los matan casi instantáneamente o después de días de lucha…”.¿Pero qué importa? ¿A quién le importa? Esta es simplemente otra de las tantas postales del cinismo que dan vueltas por la ciudad sin que pase nada. Ese día, la principal preocupación del Intendente Zorrila, comandante de la Policía Ambiental de Cali, era dejar bien claro que estaban limpios de responsabilidad en la muerte del caballo: “Si cree k (sic) la muerte del animal fue por negligencia nuestra haga la denuncia”, me escribió por Whatsapp.

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