Toma uno

Mayo 30, 2016 - 12:00 a.m. Por: Jorge E. Rojas

En un video de la Policía, la especie humana aparece caminando en otra de sus infinitas deformaciones; va muy tranquila, con la cara levantada y la cabeza apenas cubierta por una gorra que le aprieta el pelo. El pelo es muy negro.De espaldas, la edad que se le ve en el cuerpo es la de un tipo con más de 20 años y siglos de calle -de mala calle- que se le salen en el caminado: camina como uno de esos hombres que nunca fueron niños. En una cuadra de casas coloradas y pequeñas, bien pegadas las unas a las otras, el hombre entra muy orondo por el medio de la acera. Nadie se asoma. Va con el pecho al aire y a modo de bufanda, un trapo color vino se le chorrea por el espinazo. Al fondo hay un caballo y sobre la copa de un poste, un gallinazo se encorva. Lejano Oeste -tipo Clint Eastwood / Cercano Oriente- tipo Cali. En una esquina del video, la fecha y la hora: 2016/05/24 – 07:13.Con un lazo, el caballo está amarrado a la reja de la ventana de la última casa, que tiene la puerta abierta y, bajo el dintel, otro descamisado barriendo el agua que se riega por una manguera que hace charco. Mientras el caballo bebe de un tarro, el hombre que venía por la calle le patea la cara al animal. El animal trata de alejarse inútilmente. Entonces el hombre recoge una piedra y se la tira al cuerpo. Luego una más. Cuando el caballo intenta meterse a la casa, el otro hombre lo jala del lazo para que lo puedan apedrear de nuevo. Y así ocurre.Si se congela la imagen, la ilusión del tiempo detenido deja ver al caballo como un ser todavía majestuoso que podría librarse de la golpiza levantando las ancas sobre los hombrecitos. Pero en la vida real del Cercano Oriente, su espíritu salvaje fue deformado a punta de látigo hasta convertirlo en un perrito faldero. Y así hay manadas. Porque el famoso plan de restitución de vehículos de tracción animal se fue diluyendo y de los 600 caballos carretilleros mal censados que hay en Cali, el proceso se cumplió apenas con cerca de 200. Es decir que los demás, y todos los demás que no están contados y van por ahí arrastrando carretas sin placa, siguen siendo tasajeados lentamente y aún palpitantes, en medio de una horrorosa película que aquí nadie es capaz de terminar.Toma dosTodo el plano se abre en un movimiento brusco: dos policías que van en moto por el otro lado de la casa, detuvieron la marcha. El ruido del motor en neutro, o aquella presencia verde en el barrio, alertaron al hombre que, de un momento a otro, ya no se ve atacando al caballo, sino saliendo de la casa, con caminadito de yo-no-fui y dirección a un parque de postes de luz que sobre un pastal aparecen sembrados más atrás. La patrulla lo intercepta a los metros. El caballo se queda mirando en calma. Quizás sueña.Toma tresEs un zaino con un lunar blanco en la frente. No se sabe si tiene nombre. La Policía Ambiental se lo entregó a Lida Yaneth Ramírez, la abogada que a través de la fundación Sentir Animal, vive-muriendo tratando de proteger lo que queda de esos perritos con pezuñas y crin. Lo entregaron sin acta. Eso quiere decir, explica ella, que si el dueño (¿¡¡!!?) alega derecho al trabajo, se lo tienen que devolver así esté herido. Y está herido, pero no de la gravedad suficiente, dijo la Policía, como para configurar un delito de maltrato (¿¡¡!!?). Al hombre, dice ella, le pusieron una contravención, aunque ante el Código Civil, los animales sean reconocidos como seres sintientes. ¿Eso quiere decir, entonces, que ese el valor de la Ley en el Cercano Oriente?Bonus-trackPara curar al caballo, Lida tuvo que llevarlo a una pesebrera. Junto a otro malherido en condiciones similares, la cuenta del mes es de 300 mil pesos. Ella difundió la información pidiendo ayuda. Una diputada, la única entre los políticos de esta ciudad soñada que le ofreció ayuda, ya le mandó la colaboración: 50 mil pesos.

VER COMENTARIOS
Columnistas
Publicidad