The Fourteen

The Fourteen

Diciembre 14, 2015 - 12:00 a.m. Por: Jorge E. Rojas

El título salió en la A6 de El País del otro miércoles. Quedó escrito a cuatro columnas, como se hacía antes y se sigue haciendo ahora con las noticias que le importan a la gente. Y esa nos importaba a muchos.Porque entonces ya sabemos que ahí vamos a poder seguirlo encontrando todo: sábila en pencas, hojas de col, estragón, desvanecedora, raíz de azafrán, manzanilla, espinaca bogotana, alpiste en rama, eucalipto, hinojo, cimarrón para el sancocho y poleo para el que está mal del pecho; caléndula para la inflamación y albahaca empacada a mil. El universo a mil. A mil, papa guata; criolla, espinaca, zanahoria, remolacha, tomate; también tomate para jugo, higos aunque parezca cuento. Hay ramas de apio, plátano, pimentón, banano, cebolla, naranja, manzana, piña para la niña y de vez en cuando aparecen los lulos. Todo empacado en chuspitas porque en ese lugar nada se empaca en bolsas. Es probable de hecho que no existan. Solo chuspas. Y chuspitas.Allá dentro, ramas de heliconias, cúrcuma, rabanito rojo y repollo morado. Arepas de choclo, maíz amarillo, blanco e integrales, si es que puede existir una arepa que sea integral. Pero tal parece que hay una fórmula para amasarlas y ahí las venden. Vienen por diez. En una chuspita. Y ahí cerca, en el mismo refrigerador, las hay rellenas de queso. Y en el lado de los quesos, quesos con el corazón palpitante de dulce de guayaba, como los que trae la gente de regalo cuando pasa por el aeropuerto de los rolos. Imagínese no más: un aeropuerto metido en una nevera.Más allasito, quemado de panela, ciruelas sin semilla, mango deshidratado, chocolate negro, el bicarbonato de la vaquita, gelatina de pata, kits para armar obleas, bocadillos veleños y unas neveritas que suelen cumplir la promesa de la frescura que anuncian en un letrero: jugo de naranja recién exprimido y envasado en botellas. Y al asomarse por los congeladores, filete de tilapia, pescados que dejaron la vida en mares remotos y otros que revolotearon hasta lo último en redes que los encontraron aquí no más, en ese mar Pacífico del que también se ofrece un trozo conservado en hielo. Y por las frutas, chontaduro. Empacados al vacío y también con cáscara para que Sofía, que los ama tanto, se pueda llevar una chuspada a Bogotá. Ella porque quiere, porque allá hay una sucursal y seguro se consiguen. Así como las rosquillas caleñas, panela de acá, bombonbum y besos de negra.¡Claro que fue una buena noticia! Porque con la muerte del hombre que hizo de una cacharrería la primera franquicia de la que tuvimos conocimiento los caleños, muchos creímos que ese lugar podía dejar de ser lo que fue. Y que en este tiempo donde todo se vende y se negocia, algo que nos pertenece a todos, sin que a la vez nos pertenezca, podía dejar de ser una extensión de esta tierra en cualquier lugar donde pusieran el aviso. En uno tan frío como la capital, por ejemplo. El rumor tenía nombre: Walmart. Decían que el pulpo quería estar el brazo.Pero ya no. O al menos eso es lo que parece. El título salió en la A6 de El País del otro miércoles. Y muchos respiramos de alguna forma. Porque de haber sido de una manera diferente, los que crecimos aguardando a que acabaran de hacer mercado, sentados en unas gradas, con un pastel de jamón-pollo y un vaso de manzana adornando la espera, habríamos tenido que sacar ahora una membresía para poder comprar un pastel de esos. Y eso había sido la locura. Además, de haber caído en manos del pulpo, a muchas señoras que van cada ocho días a mercar o a los que vamos a resolver la vida en ese universo de mil, nos habrían dejado de dar doble chuspa. Chuspas. No bolsas. “Almacén La 14 seguirá siendo de los colombianos”, decía el título del periódico. Bendito sea Dios. Alma bendita don Jaime. En manos de los gringos, como bien dice el afinado periodista Hugo Mario Cardenas, le cambian el bautizo y le ponen The Fourteen.

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