Remar

Agosto 08, 2016 - 12:00 a.m. Por: Jorge E. Rojas

Hace una semana en las playas de El Laguito, en Cartagena, Nilson Asprilla se montó a una tabla de paddle y remó seguro de que remando un día llegaría al otro lado del mundo. Esa mañana, nada más, la del domingo 31 de julio, seis kilómetros le bastaron para terminar subcampeón de la Primera Válida del Circuito Nacional de Paddleboard. Era la primera vez que Nilson remaba en una competencia. Y que estaba en Cartagena. Nilson, 18 años, la sonrisa más blanca que un coco por dentro, nació en el archipiélago de La Plata: un punto de Bahía Málaga y el mar Pacífico que aparece en los mapas pero donde la señal del celular llega con intermitencia. Como muchas otras cosas de la vida. Durante toda la vida. El puente entre Nilson, los dos océanos y una tabla de paddle, fue un médico caleño.El médico, que se llama Marco Martínez, es un internista que lleva años atendiendo con mucho acierto en la Clínica Oftalmológica. Y que encuentra en el agua un poder sanador que en algunos casos rebasa los límites de la medicina de consultorio y fórmulas garabateadas en un papel. A él mismo le ayudó para sanar de una hernia discal. Entonces buscando alivio para ese dolor –y para algún otro más profundo- primero estuvo nadando. Y después practicó kayak. Y en esas llegó al paddleboard, que es una gran tabla de surf con la que el desplazamiento también se logra yendo de pie, pero impulsándose con un remo.Aprendiendo, el médico terminó remando en Juanchaco. Y cerca de bahía Málaga y gente buena. Y entre esa gente Nilson: que creció echando remo a bordo de los canaletes sobre los que dio sus primeros pasos en ese lugar donde las autopistas son el agua salada.En consecuencia, trepado sobre una tabla de paddle, el chico era literalmente un pez en el agua. Le faltaba técnica, claro, pero a la hora de remar los movimientos le salían sin esfuerzo. Nilson además se la había pasando remando por una oportunidad en la vida; porque en el Pacífico más pobre y olvidado (que es todo) son comunes las otras chances que ofrece el mar para llegar al otro lado del mundo. Y no era de esa forma cómo el chico quería el viaje. En una de tantas idas y vueltas el médico pensó que Nilson, entonces, necesitaba una tabla.Y también pensó que las podía hacer con él y con otros muchachos como él. Y así algunos vinieron a Cali donde empezaron a fabricarlas de forma artesanal en un taller que se fue abriendo paso en una vieja casa de la Roosevelt. Haciéndolas, el médico también creyó que con esos chicos podía formar escuela: que ellos en un futuro sirvieran de instructores de ese deporte, hasta ahora casi exclusivo de monos gringos y australianos. Y que la gente aprendiera a remar no solo en el mar. ¿En el Valle? ¿Lejos del mar? Tablas hechas por sus manos navegan ahora arriba de Jamundí y Palmira, en los lagos de urbanizaciones donde las han pedido para hacer escuela de paddle. Hay tablas en poder de gente que montándolas se va sanando de dolores para los que no hay médicos. Tablas únicas. Tan buenas como las gringas pero no tan caras. Manglares es su marca.En una de esas iba Nilson aquel domingo 31 de julio. Y en algún momento, cuentan, alcanzó a ponerse delante del campeón nacional Camilo Mármol. Perdió por falta de experiencia pero le respiró en la nuca, llegando a minuto-veinte en representación del Valle. Aunque nadie en el Valle supiera. La Liga de Surf de Bolívar lo acaba de invitar para que los acompañe a los Panamericanos de Surfing del Perú. El médico, su único patrocinador, está feliz. Y Nilson, claro, que remando empieza a darle la vuelta al mundo. Para entrevistas, su teléfono es el 3013453958. Aunque en La Plata, que está aquí no más, bien lejos, rara vez hay señal de celular.

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