Primos

Mayo 12, 2014 - 12:00 a.m. Por: Jorge E. Rojas

Desde el principio de los tiempos el hombre ha renegado de la suerte de su propia sangre: Caín mató a Abel. Si lo que dice la biblia es cierto, los primeros hombres que poblaron la tierra no solo son hijos del barro y un soplo divino sino también de esa tragedia familiar en la que un hermano mata a golpes a otro y sobrevive para ser desterrado. Caín, además de todo, fue también el primer resentido. Durante años enteros vagó por desiertos y montañas sin ríos, arrastrando su vergüenza por el suelo de aquel mundo donde el paraíso ya había quedado muy atrás. Desde entonces la vida da muchas vueltas: aunque la verdad sigue siendo un misterio, se supone que Caín terminó enamorado de una descendiente de Set, el tercer hijo de Adán y Eva. La teoría es refutada por expertos, pero eso significaría que Caín se metió con una sobrina, o una sobrina nieta, y que de esa unión proviene el linaje de ‘los hijos del hombre’: “Y conoció Caín a su mujer, y ella concibió y dio a luz a Enoc; y edificó una ciudad y la llamó Enoc, como el nombre de su hijo. A Enoc le nació Irad, Irad engendró a Mehujael, Mehujael engendró a Metusael, y Metusael engendró a Lamec”.Cuenta también la biblia que la llegada de los hijos de Lamec, es el principio de las armas; porque es a partir de ese momento cuando empieza a hablarse del hierro. Y con el hierro de las lanzas. Y con las lanzas, del principio de lo que mucho después sería la civilización de la muerte.Por el otro lado, el linaje de Set tuvo un adn distinto. Set fue un hombre que creció sin rencores, un hombre bueno que tuvo buenos hijos. El séptimo hijo de ese linaje fue Enoc. Enoc, a diferencia de ‘los hijos del hombre’, se dedicó a seguir el camino de dios: “Y caminó Enoc con Dios después que engendró a Matusalén trescientos años, y engendró hijos e hijas”.Los hombres y mujeres que murieron en el diluvio, eran hijos de un cruce entre ambos linajes, el de Caín y el de Set. En ese tiempo el mundo era pequeño y las dos familias, al terminar agrandándose, terminaron encontrándose. Si la historia de la biblia es cierta, así como dios renegó de su propia creación al ver en qué se habían convertido esos primos, intentó enseñarle a los primeros hombres que en el mismo lugar donde es posible el error también es posible el acierto: los hijos de Noé que poblaron el nuevo mundo también tuvieron que salir de un inevitable cruce familiar. La humanidad que cree más en esa teoría que en la teoría de la evolución, es proveniente del amor de unos primos.Cuando dios hizo a Colombia hizo también a dos primos que gracias al poder de su familia y las amistades y alianzas que cada uno ha hecho por su lado, los ha llevado a creerse -cada uno a su manera- dueños de la verdad en el país. Uno de ellos, invocando lealtad a la patria, ahora le habla a la gente, por televisión nacional, pidiéndole que no siga a su primo: reniega de su sangre acusándolo de ser capaz de cualquier cosa para seguir en el poder. El primo critica justo lo que ve al mirarse al espejo, la traición, pero aún así sigue adelante y argumenta el lazo familiar que une a los dos hombres para estar en orillas distintas de la ambición.Cuando dios hizo a Cali, se acordó de poner cerquita a Buenaventura y gracias a su gente por acá hemos aprendido a conjugar más bonito que en cualquier otro lugar del mundo la palabra primo. Por estos lados, primo entonces no es solo un casi-hermano que uno quiere mucho, sino también el socio, el pana, el parcero, el amigo. Cosas de barrio, sí. Pero a lo bien, ese primo es más bonito. Por estos lados, donde se quiere y se habla así, yo escucho mucha gente preocupada al pensar que el futuro de este lado del mundo va a quedar gobernado otros cuatro años por alguno de esos dos primos. A mí me pasa igual: a ellos, para mi gusto, se les sale mucho ese gen proveniente del otro ancestro, Caín, el tipo ese que fue capaz de construir una ciudad lejos del paraíso.

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