Muñeca

Abril 14, 2014 - 12:00 a.m. Por: Jorge E. Rojas

La vida es un juego del equilibrio. Así como todos los días la condición humana queda probada en actos de bondad y grandeza, la pequeñez de esa misma condición, la humana, queda todos los días probada en actos de bajeza bestial. El pasado primero de abril, Muñeca, una perrita amarilla de orejas triangulares y un lunar blanco en el pecho, se quedó sin tres de sus patas porque a un hombre que cortaba el pasto en el barrio Protecho, de Ciudad Bolívar, al sur de Bogotá, le pareció buena idea acercarle la guadaña.En un video casero realizado por un vecino del lugar, que en su momento sirvió para hacer la denuncia, el hombre explica que el perro venía jugando con otro. Dice luego que no lo vio, asegura y afirma y repite que no lo vio. El vecino que hizo el video le replica asegurándole que eso no es posible. Entonces se lo muestra y lo muestra a la cámara: antes de haber sido cortado, ese pasto no era una jungla donde pudiera esconderse un perro de ese tamaño.Muñeca es una perrita del alto de una butaca. Una de esas perritas que todos en algún momento hemos visto dando vueltas por el barrio, jugando en el parque o merodeando por la iglesia. Una de esas que agachan las orejas y otras veces dan saltos afuera del restaurante, velando por un hueso de pollo. Perra cazadora de grillos y enamorada eterna de las llantas en movimiento. Muñeca es una de esas. Tan fiera como eso. Tan dañina como eso. ¿De qué tamaño es la humanidad de alguien al que se le ocurre cercenarle las patas a un animal indefenso?En el video, junto a los huesos de Muñeca, queda también expuesta la inconsciente grandeza del animal: en medio del reclamo del vecino, el hombre de la guadaña queda en algún momento a unos cuantos metros de donde permanece tendida la perrita. Ella, al escuchar su voz, al olfatear al carnicero, no hace nada. No muestra los dientes, no gruñe, no ladra. ¿Qué haría un humano en ese caso? ¿Si su agresor se le paseara por el frente, le lanzaría dentelladas? ¿Se revolcaría amputado en el suelo tratando de morderlo? Muñeca, durante los nueve minutos que dura el video, ni siquiera hace ruido. Lo único que hace es buscar de vez en cuando las patas que ya no tiene y levantar la mirada hacia la gente que detrás de la cámara mira y comenta aterrada. El animal, inconsciente, perdona. El hombre, consciente, castiga con una guadaña.El hombre que hizo todo eso fue despedido de Aseo Capital, donde trabajaba como jardinero. La empresa de la Alcaldía de Bogotá, entonces, está ahora pagando los gastos veterinarios de Muñeca a la que, para empezar, tuvieron que amputarle los muñones destrozados por las cuchillas; luego le practicaron una cirugía para tratar de salvarle la pata derecha trasera. Al parecer no es tan sencillo que sobreviva a todo eso pero por ahora ella permanece ahí, respirando, como prueba palpitante de hasta dónde es capaz de llegar la especie humana. Para el 26 y 27 de abril, una marcha para protestar contra el maltrato animal ha sido convocada. Así que ese fin de semana la indignación que ya ha caminado por cosas parecidas se podrá sintonizar en horario triple A. Y se recordarán otras infamias, como la vez que un futbolista pateó una lechuza en Barranquilla porque el ave se había posado a descansar en la cancha; o la ocasión en que tres policías molieron a golpes de pala a una perrita en Puerto Tejada. Tal vez sirva. La marcha y el regreso a los recuerdos bestiales. Tal vez algún político se entere y decida hacer algo. Empujar la reforma del Estatuto de Protección Animal, para que al fin la violencia se convierta en un delito que de cárcel a los que lo cometan. Por estos días, en la veterinaria donde atienden a Muñeca, se esmeran por conseguir unas prótesis españolas que le adaptarán si aguanta lo suficiente. De ser así, su rehabilitación tardaría entre seis y ocho meses. Lo que pase en adelante con ella es de todas formas una incógnita. De su futuro apenas hay una certeza: si esta vida humana, no perra, sino humana, volviera a ponerle al hombre de la guadaña en frente, Muñeca seguro le lamería la mano.

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