Mil pesos

Diciembre 15, 2014 - 12:00 a.m. Por: Jorge E. Rojas

En la calle, mil pesos sirven para comprar tres halls. Y de pronto, si la señora del carrito de dulces está de buenas, tres halls y un supercoco. Con mil pesos uno se toma una pony malta chiquita, una fanta enana o una cocacolita. En una panadería de barrio todavía hay pan de mil y en la tienda todavía se pueden pedir mil de salchichón. Con mil pesos hoy día ya no se resuelve el almuerzo, pero se embolata.En Cali, mil pesos de mazamorra llegan hasta la mitad de la jarra del jugo y por eso casi siempre en algunas casas la mantienen bien limpia, como a la espera del bocinazo o del grito del pregonero, anunciando en la calle que además de ¡mazamorrrrrraaaa! también lleva ¡chaaaaaampús! Andando por ahí, con mil pesos en el bolsillo, se puede comprar buen mecato: en la plazoleta de San Francisco, por ejemplo, cholados de a mil que con la cucharita de palo saben más ricos. Y en el centro, si es tiempo de cosecha, bolsas de chontaduros al mismo precio: a mil papi la que le guste. Si la grosella está buena, bolsas de grosellas que salivan la boca con la dulce acidez de un pecado delicioso, adornado con chorros de limón y sal espolvoreada. Con mil pesitos, una oblea. Una manga en cascos, papita criolla, churros, una rebanada de coco frito, maní, paleta, dos bolsas de agua o tres de las delgaditas que parecen sandy. Y donde todavía vendan sandy, uno rojo y uno amarillo. Mil pesos pueden ser dos empanadas en el recreo.Pero también pueden ser el café de alguien que lleve mucho sin poder probar siquiera eso, y los mil pesitos de caridad que le pagarán una taza caliente empujarán su aliento para que siga el camino, quién sabe cuál sea, el de tantos perdidos de la vida que andan por ahí. En Toribío mil pesos son tres minutos de celular minutero: uno para mamá, para decirle que le pida mucho a Dios, que le prenda una veladora a todos los santos. El otro para el hermanito, para decirle que ni por el putas se vaya a ir para el monte, que deje de creer en los cuentos que lo pintan como un bosque de fábula donde los unicornios son blancos y nobles, como la imaginación los ve, porque en realidad allá solo hay cerdos que se le pasan rumiando piedras para afilar los dientes, engordando la panza de rabia, manchados en el lomo por un odio incomprensible, unas manchas que a lo lejos se ven parecidas a las de los uniformes camuflados. Y el tercer minuto para ella, para vos mi amor, espérame mamasita que yo vuelvo, yo salgo de este roto y nos vamos para donde vos querás, el otro lado del mundo, donde el planeta sea tuyo y mío, mi amor, ¿me oís? ¿Aló? ¿Aló?Hay esquinas en las que mil pesos se convierten en dos marlboros. O en tres boston y una menta. Hay esquinas en las que por mil pesos alguien puede terminar apuñalado. Y hay otras en las que una luca se convierte un cigarro de marihuana. Y otras más, repetidas en tantas partes, donde la gente esculca el andén con los pies buscando una moneda extraviada, los mil pesitos que hacen falta para el bus, llegar a casa y terminar al fin el día en un beso de buenas noches. El cielo en una moneda. Todo. Nada.En todas las ciudades de Colombia, sin embargo, hay una forma de que eso que a veces parece tan poco, siempre sea mucho. Siempre. La organización de ayuda internacional Ayuda en Acción, tiene un plan de padrinazgo que solo requiere una donación diaria de mil pesos, lo que vale una caja de chicles o el humo de un par de cigarrillos. Aquello será suficiente para ayudar a cambiar las condiciones de vida de cientos de chicos que en la mayoría de casos la tienen muy complicada para ser lo que deberían: niños y niñas, sueños y no pesadillas, estudiantes, lectores, dibujantes de sonrisas, campesinos, hijos, nietos, sobrinos. Niños. Simplemente niños. Desde el 2006, Ayuda en Acción trabaja en Cundinamarca, Sucre, Atlántico, Bolívar, Chocó y el Valle del Cauca. Actualmente, para poder hacer lo que intentan desde entonces: “empoderar a las comunidades fortaleciendo sus capacidades, promoviendo así el desarrollo rural a través de intervenciones sostenibles a largo plazo”, buscan 3.000 padrinos. Padrinos de mil pesos. Ojalá que en este época la gente recuerde en qué consiste también la Navidad. Si quiere saber cómo vincularse: www.colombiabuscapadrinos.com o el teléfono 7454945 de Bogotá. Hace tiempo en los semáforos habían rosas a mil, parece que ya no.

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