Marciano

Marciano

Junio 16, 2014 - 12:00 a.m. Por: Jorge E. Rojas

¿Y si fuera cierto? ¿Si en verdad pudieran vernos? El otro día, en la Plaza de Cayzedo, la gente se arremolinó a las cuatro y media de la tarde para contemplar unos puntos brillantes que aparecieron en el cielo, colgando como luceros, pero que muy rápido entre el susurro del corrillo empezaron a ser llamados ovnis.Si entre todas las divisiones que hemos inventado, el mundo también estuviera dividido entre los que creen en la vida extraterrestre y los que no, yo estaría del lado de quienes lo hacen. A pesar de que no existan pruebas tangibles (al menos para nosotros) estoy seguro de que no estamos solos en la galaxia. Creo que cuando ocurrió todo, la vida salió flotando en partículas hacia distintas partes del infinito, que cayó aquí y allá, y que allá es muy lejos, más lejos que toda la ambición y el dinero de los poderosos, y que por eso nunca hemos podido encontrarnos con alguien más.¿Pero qué tal que no fuera así exactamente? ¿Qué tal que esa obsesión de la Nasa para buscarlos sea, al contrario, para ocultarlos? ¿Y si están evitando que nos revelen algún secreto? Aunque me llamen marciano, yo a veces me elevo pensando en esa posibilidad convencido de que en otros lugares tiene que haber civilizaciones que crecieron de una forma distinta a la nuestra. Lugares donde la vida es otra cosa. No un paraíso de liebres cabalgando leones, pero sí un sitio donde las diferencias no sean defectos. Entonces allí no existe la envidia. Y como no existe la envidia no existen las guerras. Y como no hay guerras, quienes nacen allí crecen sin saber de divisiones. Y sin divisiones, en esos mundos todo es de todos. Así que sus habitantes viven predicando la igualdad, sin apellidos ni urgencias distintas a la de amar y dar amor.Puede que ese sea el secreto de todo, que en esa simpleza esté la resolución de todos los líos de nuestra especie. Puede que otros, evidentemente seres de inteligencia superior, hayan evolucionado poniéndolo en práctica desde hace mucho y que quieran decirnos cómo es que en verdad se hace para ayudar a salvarnos de nosotros mismos. Pero puede, también, que haya alguien al que no le interese. Porque para algunos es más conveniente la guerra. Y así las divisiones. Y así la envidia. Y así las diferencias convertidas en defectos. Y así la destrucción por encima de la destrucción. Y así el resto. Así el planeta. Así nosotros.Si fuera cierto y los extraterrestres no pudieran entrar en contacto, solo mirarnos, yo me pregunto qué verán cuando nos miran. ¿Cómo nos veremos como especie cuando la celebración de un tonto partido de fútbol provoca 9 muertos, 15 heridos y 3.000 riñas, así como sucedió el sábado en Bogotá? ¿Qué pensarán al ver a las 200 niñas secuestradas por la milicia radical nigeriana Boko Haram? ¿Cómo se verá Colombia y su guerra de hace medio siglo?A veces, cuando ocurren cosas inexplicables en el cielo, me acuerdo de una película que cuenta la historia de dos ingleses que viajan a Nevada a recorrer el Área 51, la mítica zona que bordea una resguardada base de la fuerza aérea norteamericana donde se supone son efectuadas investigaciones no autorizadas y donde el fenómeno ovni ha tenido manifestaciones célebres entre los creyentes. En su camino se encuentran a Paul (así se llama la película), un extraterrestre que huye de esa base donde ha estado encerrado durante 60 años. Paul ha entrado en contacto con los suyos y está escapando hacia una montaña donde será rescatado. En el camino Paul se vuelve amigo de los ingleses: dos chicos simples que solo están ocupados de ser felices, de vivir y dejar vivir. Antes de que la amistad germinara como una partícula de vida entre esos tres, entre los dos mundos, en medio de la fuga hay un diálogo en que Paul les cuenta que la primera vez que él, venido de otro lugar en la galaxia, vio a un ser humano, sintió ganas de vomitar.

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