Futuro

Mayo 19, 2014 - 12:00 a.m. Por: Jorge E. Rojas

A veces nos dejamos confundir y creemos que es cierto, que los tiempos cambian y que un día al fin todo será mejor. La modernidad nos hechiza con sus inventos y se ocupa de resolver lo que hace tiempo nos preocupaba. El nombre de una canción que suena en la radio, por ejemplo. Antes, mucho antes, cuando no existían botones que desplegaran cuadros de texto con el año de grabación y la disquera, la colita de una canción olvidada que sonó al cambiar la emisora podía dejarnos días enteros con la melodía rebotando en la cabeza, invocando recuerdos y anécdotas; fiestas, piropos, un beso; susurros dichos en la oscuridad del cine, cualquier suspiro que en el laberinto de la mente nos diera una pista para recordar cómo diablos es que se llamaba. Solía pasar que a veces, buscando ayuda para resolver el misterio, así empezaban algunas conversaciones. Y así la gente también se enamoraba. Era otro mundo, claro. En el de ahora basta teclear dos palabras y Google se encargará del resto.En el universo de las aplicaciones la vida en apariencia se nos hace más fácil desde el teléfono que llevamos en el bolsillo. Basta poner un dedo en la pantalla para desplegar el mapa de un lugar desconocido. Un click para saber de alguien que vive en otro país. Un comando de voz será suficiente para que el aparatito busque entre nuestros contactos y marque el número que necesitamos mientras hacemos otra cosa con las manos. Tenemos hornos que preparan crispetas en bolsas de papel, máquinas que hacen helados en casa, lavadoras que secan y televisores que se apagan si dejamos de tocar el control remoto. Apretamos un botón y nos creemos a salvo en el futuro. ¿Cuál futuro?Cuando la generación a la que yo pertenezco todavía no tenía cédula, nosotros nos imaginábamos que el futuro sería una cosa distinta porque suponíamos ya haber visto lo peor. Cuando mataron a Lara Bonilla yo tenía seis años. Once cuando mataron a Galán. Doce cuando mataron a Pizarro. Dieciséis cuando fue elegido un presidente que me enseñó la palabra narco-casettes. Fuimos adolescentes en el tiempo en que los aviones cargados de gente caían del cielo por culpa de un hombrecito con delirio de Dios. Por eso creíamos que cuando tuviéramos más de 30 ya nada podría verse tan mal.Ha pasado el tiempo y las pantallas planas nos lo muestra todos los días. Al mismo tiempo en que saludamos a alguien que vive lejos o leemos las noticias o escribimos un correo, esa modernidad que nos facilita la vida nos recuerda en qué tiempo realmente vivimos. Porque a pesar de tanta tecla y tanta solución táctil que ahora tenemos al alcance de la mano, seguimos viviendo como en las peores épocas de la humanidad: estamos en los tiempos en que los hombres prenden fuego a otros hombres que duermen en la calle; los tiempos en que los aspirantes a presidir un país ya no esconden el malhechor que llevan dentro y lo exponen a la gente para que sepan a quién deben tenerle más miedo; el tiempo donde también existen hombrecitos con delirio de Dios capaces de hacer lo que se les ocurra con tal de saciar su hambre de poder. Vivimos en el futuro donde se extravían aviones con 200 personas sin que nadie pueda hacer nada para encontrarlo.A pesar de nuestras presunciones optimistas, yo no veo mucha diferencia con el pasado. Yo lo que veo son muchas cosas que me lo recuerdan. Entre botón y botón voy viendo el parecido en cualquier pantallita plana. Los que fuimos adolescentes al principio de los 90, crecimos esperando que en el futuro el miedo que hacía temblar las ventanas no existiera más. Y aunque las bombas ya no estallan en las esquinas yo sigo viendo lo mismo que antes, los hombres que mueren incendiados en las andenes, el miedo por lo que los hombres con delirio de Dios puedan hacer.

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