Fervor

Julio 23, 2017 - 11:55 p.m. Por: Jorge E. Rojas

-Má, ¿qué hay que estudiar para hacer lo que hacen esos señores?

Era el año 2006 y al momento de la duda el televisor estaba encendido en RCN, mientras Carlos Antonio Vélez y Jorge Eliécer Torres comentaban un partido del Mundial de Alemania. De este lado del Planeta, un niño de 13 años enloquecido con el fútbol y el América, alucinaba con la profesión que había llevado a esos tipos hasta allá, para contarnos al resto lo que no alcanzábamos a ver. De modo que sin despegarse de la pantalla lanzó la pregunta con ansias: Má, ¿qué hay que estudiar para hacer lo que hacen esos señores?

-Periodismo, papi, le contestó, ella.

- Entonces cuando sea grande, yo quiero estudiar eso...

Once años después y graduado como periodista, Ricardo Micolta recuerda ese episodio en voz alta. Va conversando con su colega Daniel Molina, que todo décimo de bachillerato se la pasó haciendo exposiciones orales sobre el Deportivo Cali, porque a un profesor le pareció buen método para ayudarlo a combatir la timidez. Hermoso método, en verdad: el amor por el equipo como motor de lucha para vencer los miedos. Pero lo que lo hizo periodista, dice, fueron los recorridos desde El Claret hasta su casa, cuando el papá lo iba a recoger por las tardes al colegio, y la voz de Óscar Rentería hablando de fútbol viajaba con ellos sin falta en el AM. “Yo prácticamente soy periodista por ese man…”.

El viernes pasado, Ricardo y Daniel, jóvenes periodistas de El País, sonreían de orgullo al escucharse mutuamente las anécdotas. Cali se derretía a la una de la tarde y ellos acababan de salir del Corrillo de Mao, donde los recibieron para hablar de su trabajo de los últimos meses: los libros que cuentan la historia de los equipos de la ciudad, y que desde hoy y por fascículos diarios circularán con el periódico Q’hubo. Se llaman ‘La pasión de un pueblo’ y ‘Delirio verdiblanco’.

Pequeño sueño de páginas numeradas armado por periodistas que de niños soñaban con ser periodistas, los libros han sido construidos con su músculo como base fundamental: pasaron días enteros persiguiendo el rastro volátil de ‘La Mosca’ Caicedo en el centro de Cali hasta entrevistarlo. Y así también ocurrió con Arley Betancourt, que extraviado años enteros de la prensa, apareció vendiendo carros y propiedades en Brasil; su historia será contada en el libro del Cali. Así como la de las inyecciones alemanas que le aplicaron a Alex Escobar para hacerlo subir de peso, estará en el libro del América. Y así la de muchos ídolos de cada orilla, casi todos, que poco a poco fueron apareciendo en el camino de la insistencia de esos muchachos. Y de esa forma en las páginas, concebidas como composiciones visuales únicas. Su diseñadora es Mónica Naranjo y el trabajo que ha hecho es tan bello, que aun sin contenido escrito los hinchas valorarían los libros como fetiches. Lejos de las convenciones habituales en los resúmenes deportivos bibliográficos, lejos de cualquier pretensión, ‘La pasión de un pueblo’ y ‘Delirio verdibanco’ son solo un humilde tributo a los colores que componen nuestro árbol genealógico. Catorce años atrás, una colección similar circuló con El País como un bello recuento que terminó empastado en la biblioteca de miles de lectores, haciéndose a un lugar como documento de consulta ya que las obras eran una enciclopedia del amor primario que cada corazón eligió para vivir esta ciudad. En homenaje a los fervores que nos componen la vida, a partir de hoy en Q’hubo, la historia se repite otra vez.

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