Era un juego

Junio 12, 2017 - 12:22 a.m. Por: Jorge E. Rojas

En el 85-86 El Pibe se la tenía montada a González Aquino, les cuentan a los jóvenes periodistas de El País Daniel Molina y Ricardo Micolta. Quién sabe si alguna vez lo midió llegando sin distancia a una pelota, o si al bajar el sol del domingo lo escuchó resoplando como un buey manso agradecido por la sombra refrescándole el lomo. Quién sabe. Tampoco se los dicen. Podía ser que el paraguayo, ya pensando en la jubilación, fuera realmente presa fácil para un Valderrama de 25 años y la melena alborotada como león hambriento. El caso es que cuando el Cali de El Pibe tuvo que vérselas con ese América, al de Santa Marta muchas veces lo escucharon gritar: ¡Dénsela a Aquino, dénsela a Aquino!.., esperando que en efecto los rojos se la entregaran y así partir en su búsqueda confiado en la inapelable ley de la selva. Si estaba Valderrama, estaba Redín. Era tan bravo ese Cali, que los hinchas del América también pagaban boleta para verlo jugar.

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Cinco meses después de hacerles el 1-1 a los alemanes en el Mundial de Italia, Fredy Rincón le marcó de taco al Deportivo Cali en el Pascual. 11 de noviembre de 1990: el estelar héroe de la Selección Colombia era futbolista del América y jugaba en la línea volante del equipo de Gabriel Ochoa Uribe. Brillante, dijo el médico sobre la jugada. Tiene calidades excepcionales para marcar, atacar y crear, le comentó a la prensa con exagerada mesura sobre su dirigido y el temblor que provocó esa noche: de espaldas al arco sur, Fredy conectó de tacón un pase de Alex para mandar la pelota al palo imposible de Trucco. Gol. Golazo. 3-0 y delirio en la tribuna. “En esa época todavía se veían los hinchas revueltos en el estadio; me subí a la malla y había hinchas del Cali que me tiraban ese cojín donde la gente se sentaba…”, dice Fredy recordando el festejo mientras conversa con uno de los jóvenes reporteros.

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Parece otra vida. Una vida después, de lo que menos se habla en vísperas de un clásico es de fútbol. Varias horas antes de que se defina cuál de los equipos de la ciudad jugará la final del campeonato, la noticia más leída en el portal del periódico es la muerte cerebral de un miembro de Barón Rojo Sur, la barra popular más numerosa del América. Este sábado, mientras varios de sus miembros se encontraban reunidos en la sede que tienen en el barrio Las Acacias, se desató una pelea entre dos de ellos, explicó la Policía: “Desafortunadamente hubo un caso de intolerancia y uno de los jóvenes sacó un arma de fuego…”. Hace tres semanas, de camino al Pascual para el clásico que se jugó el 24 de mayo, miembros de las barras de ambos equipos se cruzaron disparos al toparse en la intersección de la Calle Quinta con Avenida Roosevelt; sin importar la luz del día ni la gente que pasaba por ahí. Dos personas terminaron heridas. Adentro del estadio, cruzados de nuevo pero de tribuna a tribuna y hechos masa, esperaron al final del partido para lanzarse a la cancha empuñando filos como hordas de primitivos con la costumbre de matar. Esa noche, el resultado del fútbol fue lo de menos. Ya no se habla de fútbol los días de fútbol. Búsquenlo en Youtube, muchachos. Solía ser solo un juego.

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