¿En serio?

¿En serio?

Agosto 04, 2014 - 12:00 a.m. Por: Jorge E. Rojas

Si uno amanece vivo, en esta ciudad y de un momento a otro, uno puede encontrarse contemplando un gato con las barbas untadas de sorbete de lulo que se mira el desastre reflejado en la lámina de vidrio que separa del andén, una cafetería a la orilla del río. En la cafetería, las sillas son arrumes de libros. Uno en Cali va caminando y ve cosas como esas.Muchas cuadras después, una ciudad después, un hombre con la garganta remendada se mira al espejo. Su casa, que no es su casa, queda en el mismo lugar donde empezó la historia de la cicatriz que ahora le atraviesa la vida. Y la mano. Fueron dos balazos. Se supone que él no ha debido regresar. Porque está amenazado y porque es un hombre bueno que después de cambiar su vida llevaba varios años haciendo cosas que se reflejaban en la vida de otros. Pero tuvo que hacerlo, tuvo que volver. Volvió porque cuando es de verdad, la sangre de los hombres invisibles también lo es. De lo contrario algo habría pasado. De la Alcaldía o de la Personería o de la Defensoría del Pueblo o del Concejo, de algún lado habrían tenido que ayudarlo. Desde la Secretaría de Gobierno. No solo ahora sino desde antes, cuando estaba a cargo del Secretario de Gobierno anterior que, se supone, conocía la realidad del barrio donde vive este hombre y la tragedia que lo persigue. ¿En serio no lo han visto?Una vez, antes de conocer todo lo que él hacía, yo lo vi adentro del CAM, ese edificio gris donde quedan las oficinas de algunos de los hombres que se encargan de tomar las decisiones por toda la gente de esta ciudad. Un líder cívico, vea, le presento, me dijeron antes de que nos estrecháramos las manos y él se fuera a buscar a algunos de esos otros hombres, doctores, claro. Por esos días el líder cívico ya arrastraba otras heridas del barrio. Barrio al que tiempo después, tiempo de elecciones, varios de esos doctores que antes no le daban cita pasarían a saludar.Puede que yo esté equivocado, que haya visto mal y alguien ya haya hecho algo. Suelen pasarme cosas como esas, creer ver algo que no lo es: consecuencias de distraerse contemplando gatos callejeros. Así que si ya lo hicieron, si realizaron el trabajo por el que los ciudadanos pagamos sus sueldos, ofrezco excusas a quien corresponda. Esto, sobre todo, para evitar llamadas y cartas provenientes desde susceptibilidades heridas. Aquí en todo caso no hay acusaciones. Acaso una pregunta. ¿En serio no lo han visto?Porque el reflejo de ese hombre yo lo veo muy claro. Está ahí y no puedo equivocarme. Evitar mencionar el lugar y su nombre no tiene que ver solo con preservar su seguridad, porque Cali no es como las películas de detectives en las que los asesinos solo se enteran de que fallaron cuando ven una foto en la prensa. Cali no es gringa ni europea y aquí, al menos en los barrios que yo conozco, los chismes vuelan. En la calle le decimos bochinche. Y es más rápido que el periódico. A veces que las balas.La omisión de los nombres es porque a quienes corresponde en este momento cuidar la vida de un hombre bueno, ya lo saben: el nombre de ese hombre y el lugar donde vive. Entonces no lo repito para que no se sientan acosados. Aunque no lo creo. Ya otras veces, muchas veces, he escrito sobre él sin que nada pase. Hace solo una semana, gracias a la generosidad de este periódico, una página entera contando su más reciente desgracia bajo un título que leído ahora encabeza el texto como una premonición dolorosa: ‘Las desventajas de ser invisible’.Una mañana, mientras conversábamos bajo un árbol junto a su casa, yo vi cómo ese hombre atraía de un silbido a un gato que se le trepó por las piernas. Era un gato noble y sonso, casi enrazado con perro. Gato-perro que vivía tejiendo camino entre las piernas de los niños que jugaban en la calle. Al fondo, la gente reposaba el almuerzo que les había servido ese hombre. Todo lo que hace poco parecía fantasía, por estos días es realidad enterrada en una caja de arena. Si uno amanece medio muerto, en esta ciudad y de un momento a otro, uno va caminando y también ve cosas como esas.

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