El Niágara en bicicleta

Abril 04, 2016 - 12:00 a.m. Por: Jorge E. Rojas

La señora María Betsy Ramírez llama al periódico preguntando qué será lo que hace falta que pase en la IPS Esimed Cali Norte, para que deje de suceder lo que allí sucede.Hagamos memoria: a finales de enero, 18 médicos generales renunciaron en bloque, desesperados por las condiciones de contratación a las que la clínica los sometía. Pero también se fueron porque no podían seguir trabajando sin insumos, sin medicinas, sin lo que necesitan un doctor y una vida para funcionar. Se fueron cansados de eso. Y avergonzados, seguro. El Niágara en bicicleta.“Las condiciones laborales que se han venido presentando en los últimos meses como el deterioro del servicio de urgencias por falta de insumos básicos, medicamentos y equipos en buen estado, además de la falta de protección del personal médico en ejercicio de su profesión a la intolerancia de los pacientes y familiares (…); el incumplimiento con los pagos, la falta de apoyo y compromiso de las directivas de la empresa, hacen que nos resulte imposible seguir trabajando en esta institución”; firmaron en la carta de renuncia masiva fechada el 25 de ese mes.En febrero, María Elena Guerrero, médica de Urgencias Pediátricas, se ancló a la entrada de la clínica en una huelga de hambre que duró seis días y que fue el último recurso legítimo que ella encontró para reclamar los tres meses de sueldo que le debían; la médica había liderado las denuncias que provocaron la renuncia colectiva de sus colegas, por lo que decía que el retraso en los pagos hacía parte de una persecución laboral; la Personería Municipal medió entonces logrando un acuerdo de pago. Al día de hoy, dice la médica Guerrero, no terminan de cumplir con ese acuerdo.Durante la noche del 2 de marzo, David Ballén, 74 años, fallas renales, murió en la sala de espera de Urgencias después de pasar nueve horas aguardando por atención, según denunció la familia. La muerte del hombre, por su puesto, hizo que aparecieran todas las ‘ías’ y recorriendo la clínica estuvieron funcionarios de la Defensoría del Pueblo, la Personería de Cali, y de la Secretaría y la Superintendencia de Salud, que vieron y olieron y caminaron por entre el drama de pacientes y doctores y enfermeras. La Secretaría de Salud delegó entonces una comisión de inspección y vigilancia para corroborar la atención en todas la áreas de la clínica; el defensor del pueblo Carlos Hernán Rodríguez anunció la consabida investigación y la Superintendencia, a su vez, el arribo de otra comisión. Ésta, “para establecer las condiciones de atención y poder determinar las responsabilidades ante el hecho”.La semana pasada la señora María Betsy Ramírez duró tres días en la sala de Urgencias de esta clínica ‘sobreinspeccionada’. Llegó en ambulancia con un dolor abdominal y remitida por el servicio médico de CEM. Esos tres días, cuenta, los pasó en una silla rimax canalizada con Buscapina simple, mientras a su lado y en medio del hacinamiento, el horror desfilaba en distintas formas: dos hombres a punto de irse a los puños por una silla rota, una quinceañera que ante la falta de atención vomitaba en un bolsas plásticas, la arrugada vergüenza de una abuelita que no pudo llegar al baño, las arrugas en las narices rabiosas de los otros pacientes que no entendían… Al tercer día y tan asustada como desesperada, la señora María Betsy, que tiene 70 años, decidió firmar un documento asumiendo la responsabilidad de salir de ahí. Su hija Georgina, cuenta la doña en una carta que enviará a las directivas de la clínica, tuvo que perseguir a una enfermera para que le sacara la aguja del brazo. “Tenía más presentación una servilleta que ese papel que firmamos…”, recuerda ella al teléfono. ¿Qué tiene qué pasar en la IPS Esimed Cali Norte, para que deje de suceder lo que allí sucede?, pregunta Doña María Betsy, todavía con dudas por ese dolor abdominal mal atendido. ¿Qué más tiene qué pasar? ¿Quién responde? ¿Quién nos responde? Por ahora, al parecer, mi señora, solo Juan Luis Guerra…

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