El himno de Edwin

El himno de Edwin

Octubre 14, 2013 - 12:00 a.m. Por: Jorge E. Rojas

Podría hacerlo. Podría explicar otra vez lo que vi allá en El Salado. O podría explicar también lo que no vi. Podría hablar de aquel país inexistente. Y contar que allí, para empezar, la clasificación a un mundial de fútbol no es felicidad para algunos. Porque algunos, en este mismo país, son solo felices con otras cosas. Cuando llueve, por ejemplo. Y pueden recoger agua para beber un poco, hacer un caldo, limpiar las heridas de un hijo. Cuando una vaca queda atascada en una zanja. Porque el dueño de la finca, inevitablemente, tiene que sacrificarla. E inevitablemente tasajearla. E inevitablemente regalarla en tajadas. Entonces esos colombianos, algunos, celebran el infortunio del animal como un gol de último minuto. Y alzan los brazos. Y miran al cielo. Y agradecen a Dios el milagro de la carne, cosa tan extraña en ese país sin neveras, sin electricidad, sin médicos, sin televisores, sin agua, sin Falcao. Pero aun así lo hacen. Y a veces lloran. Porque así es la felicidad en ese otro país. Así es la felicidad inexistente.Podría hablar más de eso para explicar la importancia de lo que está empezando a hacer Ayuda en Acción, una organización española que acaba de presentar su plan de apadrinamiento para desarrollar proyectos prioritarios en las veredas de ese pueblo arrasado por los paras hace 13 años. Podría contar que con un aporte de 30.000 pesos mensuales, cualquiera podrá contribuir a que se empiecen a hacer obras para llevar agua, salud, educación, visibilidad a más de un millón de personas. Podría decir que entre esas personas hay 123 niñas y 138 niños. Y podría decir que ahora, cuando tantos piensan endeudarse para ir al Mundial, valdría que la pena que unos pocos pensaran en lo sencillo que resultaría ayudar a la felicidad de otros: esos 30.000 pesos pueden cambiar la vida de un niño; los millones para ir a Brasil, no creo que le importen a Falcao.Podría seguir. Podría seguir explicando y contando y argumentando. Pero prefiero dejar un trozo del discurso de Edwin Navarro, sobreviviente de la masacre paramilitar del 2000 en El Salado, cuando 450 solados de las AUC torturaron, rebanaron y acribillaron a 66 campesinos. Esto lo dijo antes del partido de la Selección Colombia. Antes de volver a escuchar en transmisión Prime Time ese himno tan bonito, que seguro tantos cantaron sintiéndolo tan suyo. Sucedió el pasado miércoles en Bogotá, durante la presentación del plan de apadrinamiento de Ayuda en Acción:“(…) Nos ponemos la mano en el corazón cuando escuchamos el himno nacional; pero poco meditamos en las frases de ese himno que nos representa. Primero que todo quiero resaltar esa frase que dice cesó la horrible noche: porque para mi pueblo ha cesado la horrible noche y la aurora empieza a desencadenar esa luz que hará brillar a todo mi pueblo. Quisiera resaltar esa parte que dice que la humanidad entera comprende las palabras del que murió en la cruz. El que murió en la cruz nos enseñó a amar al prójimo. El que murió en la cruz nos enseñó que es mejor dar que recibir. El que murió en la cruz nos enseña a ser solidarios. El que murió en la cruz nos enseña que si queremos hacer algo por él, lo debemos hacer por nuestros hermanos más pequeños. Y creo que nosotros, somos sus hermanos más pequeños”.

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