De podio

Abril 13, 2015 - 12:00 a.m. Por: Jorge E. Rojas

A los 4 años, más o menos, un niño puede ser capaz de recortar figuras grandes de cartulina, aunque todavía con los bordes irregulares. Puede hacer equilibrio sobre un pie y abotonarse, pero no ir al baño solo. Puede enumerar: una vez, dos veces, tres veces, muchas veces. Y hacer clasificaciones. La mayoría de sus preguntas están antecedidas por cómo y por qué. ¿Por qué haces eso? ¿Cómo haces eso?Los manuales de comportamiento infantil dicen que, a los 5, un niño puede amarrarse los zapatos. Y que se concentra mejor siguiendo el hilo de una historia. Así que a esa edad, más o menos, un niño podrá escuchar hablar del País del Nunca Jamás, donde los niños siempre son niños; de la astucia de un gato con botas y de las conversaciones que un desobediente chico de madera sostiene con su conciencia, posada en la pared en forma de grillo. Y podrá enterarse que después del susto, un leñador salva a Caperucita del lobo feroz. Pero también de los finales distintos que en la vida real casi siempre tienen los cuentos. ¿Dónde está Juan? ¿dónde está Juan, el leñador?A los 6 años un niño puede bañarse solo. Ya tiene amigos, un mejor amigo, ya cambió de juguete favorito y puede que haya aprendido alguna grosería que, también es posible, todavía le avergüence. A los 6 años, en promedio, dientes que se caen, el Ratón Pérez, muchas gripas, el valor de la intimidad y las pertenencias, los pequeños tesoros escondidos en una grieta del cuarto: una foto, un llavero, una moneda, un avión de papel, una pelota, una estampita, una navaja, una carta, la cabeza de una muñeca, un carrito metálico, un grillo disecado. Y a esa edad, con la escuela, una mejor comprensión del lugar que en ese momento le corresponde en el mundo. Y del que le corresponde a los demás.¿Qué haces aquí? ¿por qué estás aquí?Un niño de 8 años puede tender la cama sin ayuda. Pasa también antes, pero de ahí en adelante el primer flechazo. No de amor pero sí de algo que para entonces se le parece: la vida por esa época es liviana y cabe en una caja de zapatos, así que para ese niño saber que existe alguien en el mundo capaz de hacerle cosquillas sin tocarlo, es una nube suficiente para elevarlo todo a un cielo de risas sonsas. De los 10 a los 14, el cuerpo que cambia de formas, que se estira. Los dientes que ya no son turrones de leche. Tiempo en el espejo tratando de ver cómo ocurre cada cambio, que sucede a la misma hora en que los lunares aparecen en cara. Tiempo de ilusiones y sueños que también se estiran. Para ese momento, se supone, los problemas no deben ser más complicados que atravesar una puerta giratoria. Pero ahí está la vida y sus vueltas y en este país y esta ciudad, el problema de un niño, en este caso de una niña entre los 4 y los 14 años, puede ser una puerta que nunca cerró en las noches.Esta semana, mientras la indignación de todos aún estaba ocupada con el caso de los niños de 1, 4, 6, 10 y 12 años violados en Timbiquí, Cauca, se supo de la captura de un hombre que durante diez años habría abusado de una niña en Cali. El ultraje habría sido entre 1998 y el 2008, comenzó cuando ella tenía 4. Al ser capturado, el hombre tenía 63 años. Según cifras de Medicina Legal que también se conocieron esta semana, después de Medellín, Cali es la ciudad del país donde más denuncias sexuales se registran. Y eso incluye los casos contra menores: de las 1390 víctimas contadas en 2014, el 70% tenía menos de 18 años. Pero aún así ahí está la vida y sus vueltas: en este país tienen más repercusión los movimientos de la Selección Colombia en el podio Fifa, que dos de sus ciudades más importantes se disputen lugares de este conteo de pena; o que un hombre le robe diez años a una niña. Mejor, hablemos de goles.

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