Corona a la estupidez

Corona a la estupidez

Noviembre 11, 2013 - 12:00 a.m. Por: Jorge E. Rojas

El tema es tan vacío que ni siquiera resiste una opinión. Pero a la vez es tan chocante que resulta imposible callar. Si esto ocurriera en Bélgica, Suiza o Noruega, sería entendible. Si allá se desbocaran año tras año para seguir un reinado de belleza, cabría dentro de la normalidad. En esos países, sin guerras, sin familias desplazadas, sin niños muriéndose de hambre, sin políticos robándose carreteras, sin expresidentes aliados con narcos y paramilitares, la gente podría darse ese lujo y botar días enteros discutiendo sobre la piel de naranja de zutana o sobre las nalgas flácidas de mengana o sobre la silicona de perenceja. ¿Pero aquí? ¿En Colombia?Esta semana, el diario La República publicó una nota sobre algunos de los gastos que tienen esas pobres muchachitas que van a Cartagena: de acuerdo con el artículo, en los vestidos para las noches de elección y coronación, cada una de ellas puede gastarse entre doce y quince millones de pesos; y en las clases de pasarela y protocolo que toman antes de llegar al reinado, se gastan un millón mensual durante el año de preparación.Hasta ahí, problema de cada quien. Y sobre todo de los papás de ellas, que tienen que invertir esa millonada en semejante estupidez. Pero resulta que no siempre es así. Consultada para el artículo de La República, Catalina Robayo, exreina del Valle 2010-2011 dijo que, en su momento, el Comité de Belleza del Departamento había corrido con los gastos de todos sus preparativos: clases, gimnasio y vestidos diseñados por Hernán Zajar. En el 2011, si mal no recuerdo, cuando ella fue al reinado, hubo en la región una de las peores crisis invernales que se recuerden en la historia reciente. Hasta comienzos de diciembre de ese año, 3.500 familias habían sido reportadas como damnificadas. 3.500 familias campesinas que se habían quedado sin comida, sin techo, sin ropa, sin nada. Yo, ignorante en un tema tan serio como el reinado, me hago ahora un pregunta: ¿mientras toda esa gente estaba así, la Gobernación del Valle destinó plata para comprar vestidos que sirvieron por tan solo una noche y pagar clases para que una señorita aprendiera a caminar en tacones?Entiendo, según me dicen los entendidos, que el reinado va de capa caída. Que cada vez es más corto y que cada vez hay menos patrocinadores. Y yo les quiero creer. Pero ahí está. Llevo una semana completa viendo cómo los noticieros dedican la mitad de su tiempo a desnudar a sus presentadoras (la mayoría exreinas, claro) para que hablen de la piel de naranja de zutana, las nalgas flácidas de mengana y la silicona de perenceja. Y ahora, en las notas de televisión, también aparecen políticos en guayabera, sudando whisky importado, evaluando belleza ajena como capataces de finca en una exposición bovina. ¡Vaya país!Quienes lo defienden, alegan que el reinado es un evento privado y que por lo tanto no le hace mal a nadie. Y que esas reinas pasan mucho trabajo expuestas a las críticas, los tacones, el estrés, el jurado, la Negra Candela. Y que varias de esas reinas, al ser coronadas, se dedican a obras sociales importantísimas, además de ser la cara amable de este país acosado por cosas siempre tan feas. A los que lo defienden, hoy solo les digo una cosa: ojalá algunas de esas 3.500 familias que hace dos años quedaron en la calle, hoy tengan un televisor para ver esos vestidos tan bonitos en la velada de coronación. Seguro, a ellos, les va a servir de mucho.

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