Buitrón

Julio 11, 2016 - 12:00 a.m. Por: Jorge E. Rojas

Si en algún momento su vida pasa por el 24-33 de la Avenida Quinta Oeste, es decir a dos cuadras de la iglesia de Terrón, no se vaya sin entrar a al nuevo restaurante que encontrará bajo esa nomenclatura: ‘Arpizz’.La sigla que sale de las especialidades de la casa: arepas y pizza, no solo le da nombre al lugar sino a la traducción de un menú que, al no entrar en rodeos, garantiza que las cosas que ofrece estén bien hechas. En el horno de la pizza también cocinan lasañas. Y en las brasas de las arepas, carne a tres-cuartos, o asada a termino medio.Además de gaseosa venden limonadas. El miércoles hay dos-por-uno en la pizza tamaño personal. Y los jueves 50 por ciento de descuento en la segunda arepa rellena. Yo todavía no pruebo nada pero lo recomiendo todo por lo que uno de sus dueños me dijo el otro jueves: si iba a ir a comer el fin de semana, que fuera acompañado, me sugirió Andrés Buitrón, en un mensaje de voz enviado por Whatsapp. Pura humildad y nada de chicaneo: con el agite de esos días en el restaurante, no hay muchos chances largos de sentarse a conversar con él. Así que mejor llevar compañía. Así que el negocio va andando. Así que las cosas van quedando bien hechas.Le creo todo porque lo conozco hace tiempo. Buitrón trabajó por años en la portería de este periódico. Incluso cuando jugábamos fútbol Buitrón era portero. Y resultaba muy difícil hacerle goles. En El País él hizo muchos amigos. Yo entre ellos. Tranquilo, amable, buen muchacho, papá de una nena. El día que se fue de la empresa le llevó a su mujer un reloj de pulsera empacado en papel regalo. Es de esos tipos que parecen coincidir vocacionalmente con la tarea que la vida les encarga. Yo siempre lo vi cuidando gente. Y ahí sigue en esas, aunque ahora sea cerca de una parrilla que hierve al carbón.Sin probar todavía nada, lo recomiendo también por lo que representa hoy día el emprendimiento de un muchacho que abre un restaurante para desde ahí luchar por su familia. Comenzando un negocio absolutamente nuevo. Y justo ahora cuando por los restaurantes de esta ciudad, los riesgos rondan haciendo bulla en moto y empuñando revólveres. Por eso es también, entonces, por el sabor de ese intento valiente. Es por eso. Y por ponerlo a funcionar en un barrio que no es tan rojo como lo pintan. “Si va a ir el fin de semana, vaya acompañado, parcerito”.Terrón Colorado ha tenido muchos líos y todavía hay problemas que más o menos se parecen a los de tanto tiempo. Pero mucha gente ha trabajado para que poco a poco la cosa vaya cambiando. Fundaciones. Mucha gente. Muchos intentos de distinto tamaño. Y ahí va la cosa. El barrio está ahí no más, subiendo tres minutos desde la Portada al Mar. Allá también se complica el transporte porque allá lo que llega es el yipeto. Pero nada como los vientos. Si los ventarrones que caen junto a la iglesia tuvieran precio, pararse allá por las tardes sería un lujo carísimo. Aunque por allí todo es más bien barato. Terrón de Cali. Con sus cosas buenas y malas. Con su gente buena y sus empeños. Sus luchas. Tal vez, entre todas las cosas que nos hacen caleños, nada tan distintivo en los últimos años como haber aprendido a hacerle frente al miedo. A todos. Dándole vuelta a la vida como mejor resulte. Puede ser desde una venta de arepas.Si las va a buscar donde Buitrón, olvídese del escándalo de las motos y los ladrones y el reflejo verdoso de las camaritas de seguridad que graban nuestros miedos en baja definición. Por si acaso, el muchacho también era muy buen vigilante. Para los que puedan hacerle bulla, en el 315 7705561, llevan domicilios.

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