Aleluza

Aleluza

Noviembre 10, 2014 - 12:00 a.m. Por: Jorge E. Rojas

Después de pensarlo un tiempo te hice caso, Aleluza. Te hice caso y cambié la foto que acompaña esta columna. Entre el 2 de septiembre y el 6 de octubre, en los comentarios online del periódico, dejaste 5 mensajes pidiéndome el favor. “Por favor, por favor, cambie la foto!”, escribiste la última vez, cinco lunes atrás, a las diez y media de la mañana, según recuerda la infalible memoria de internet.No fuiste la primera, pero has sido la más insistente. Antes que tú ya había aparecido cardonita.inma, que invocando incluso a la santísima Virgen, me hizo la misma sugerencia: “PST, PST Señor periodista cambie la foto por la que tenía porque qué susto con esta. Ave María purísima!!!!! Jeje”, me dijo el 29 de julio.La nueva carita no era capricho. La explicación tiene que ver con un tecnicismo que involucra resolución y pixeles para las plataformas digitales. Dicho de otra manera, pensando en que quienes nos leen lejos del papel nos lean mejor, todos los columnistas debieron cambiar sus fotos desde mediados de julio.Entre la anterior y la nueva, es decir, en el intervalo de una a otra foto, yo no cambié nada. O casi nada, Aleluza. Pero supongo que el gesto me traicionó. Así como hay mujeres que ladean el rostro para alargar el cuello y verse más estilizadas, hombres que sumen la panza, chicas que desgonzan la lengua a lo Miley Cyrus y muchachos que imitan la petulancia de CR7, yo tengo un gesto que siempre aparece con el flash. Es un asunto raro porque aún me resisto a Facebook y ni qué decir de Instagram. Y todas las fotos físicas que tengo podrían acomodarse sin lío en un sobre de correspondencia dejando espacio para un par de cartas escritas a mano. Hasta cabría un bombón.Así que no es un gesto ensayado y pulido toma a toma, click a click, pic a pic. Creo más que es una derivación justamente de lo contrario. Pertenezco una época en la que no se le tomaba fotos a las hormigas ni a las nubes; a no ser que fuera una nube con cara de hormiga, una cosa que ameritara quemar una foto del rollo. En la casa donde crecí no fuimos pobres pero tampoco nos sobraba nada. Incluyendo las fotos. La primera cámara de la que yo me acuerdo era muy sencilla: negra, rectangular, un poco más grande que una barra de mantequilla, visor y obturador, ya está. Las fotos se tomaban en fechas especiales solamente: un paseo, el cumpleaños, la clausura del colegio y la navidad. Casi siempre, entonces, cuando era tiempo de fotos, todos nos acomodábamos lo mejor posible para esperar ese momento sublime en que la lucecita del flash estallara dejando congelado el tiempo quién sabe hasta cuándo, hasta que hubiera plata para mandar a revelar y luego los recuerdos volvieran a la casa empacados en bolsitas de Fotojapón. A mí todo eso me llenaba de una emoción nerviosa y desde entonces hacía lo mismo que ahora: bajaba la mirada, achinaba los ojos, apretaba el mentón, me mordía la boca.Pero supongo que esta barba que me crece le cambia el marco al nerviosismo infantil que me siguen produciendo las fotos y que yo sigo estrujando en la cara. Disculpa. Disculpen. Un par de semanas después del primer comentario, cardonita.inma volvió a hacerme el recordatorio: “Pst, con todo respeto señor periodista, cambie la foto por la que tenía antes pues esta produce la misma sensación que cuando uno ve al de la caja de fósforos jeje”.Así que aquí está. Aunque no lo parezca, la de hoy es otra foto. Tomada el mismo día, pero de otro gesto. Ojalá alcances a verlo, Aleluza, porque este cambio es para ti, y a través tuyo, para todos los que siguen asistiendo a la cita diaria con el periódico. Para quienes lo hacemos, no hay mejor pago ni reconocimiento que nos lean. Quienes entendemos este oficio como una manera de vivir, no escribimos para nadie más que para ustedes, para la gente, no hay otra razón de ser. Y esta es mi manera de agradecerte por hacerlo. Porque detrás de cada uno de tus comentarios estuvo la lectura de alguna de las columnas con que cada lunes intento fotografiar las cosas que veo por ahí. Así que muchas gracias. Tal vez yo no mejore mucho en la foto, Aleluza, pero este gesto, mi gesto, es la cara de mi gratitud.

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