¿A quién?

¿A quién?

Noviembre 24, 2014 - 12:00 a.m. Por: Jorge E. Rojas

Nació hace 39 años en el Tolima y varias tardes de infancia las pasó ejercitando su paciencia, a orillas del río Cunday, mientras pescaba con alguno de sus diez hermanos. Cuando creció quiso ser cura.Aunque estuvo matriculado en el seminario de Bogotá, terminó ordenándose como sacerdote en la Iglesia Ortodoxa y desde hace más o menos 11 años camina las calles de Cali predicando la fe en las segundas oportunidades.Entre el 2004 y el 2007, varios de los muchachos que se mataban en Petecuy dejaron las armas como consecuencia de ese evangelio, explicado por el sacerdote con un invento metafórico que él puso a andar para que ocuparan su tiempo: una cooperativa de reciclaje. Desde entonces muchos de los pelados que empezaron a trabajar allí, de verdad cambiaron y nada en sus vidas volvió a tener el mismo olor. Las pandillas de El Hueco, Nuevo Sol, La Frescura y La Tercera firmaron la paz.En el 2006 se puso a cantar y alcanzó a grabar algunas canciones en estudio. Fue otra de sus ocurrencias: quería hacer un disco para invertir las ganancias en un comedor comunitario para abuelos y niños que también había echado a andar en Petecuy. Aunque tuvo temas sonando en una que otra emisora, el milagro de la multiplicación de seguidores no terminó de ocurrir. Al menos en el FM. El sacerdote cantaba música guasca y carrilera.Luego, en Potrerogrande, trabajó con chicos de los sectores 7 y 8 y su intervención ayudó para que las bandas de Los Misaeles y Los Saavedra dejaran de hacerse tiros entre sí. En Antonio Nariño, a varios antiguos integrantes de la banda de La Sin Cinco, jubilados del tropel y retirados del azar del barrio, los ayudó a montar un proyecto de agricultura sostenible en una antigua escombrera.Ha trabajado con los carretilleros y con los transportadores. También ha sido juez de paz en la comuna 6, donde por un tiempo en el barrio Los Guaduales se dedicó a atender los pequeños grandes conflictos de la gente: discusiones entre vecinos, violencia intrafamiliar, peleas, roces, madrazos. Al área de Familia y Derechos Humanos de la actual Personería de Cali también le prestó sus servicios, haciendo trabajo de campo para desarrollar estudios e investigaciones sobre la violencia que camina las mismas calles que el sacerdote conoce tan bien.En el 2006 estuvo amenazado y por varios meses un escolta armado con una pistola y un Chevrolet Swift fue su ángel guardián. Pero ya no. Casi siempre el sacerdote anda a pie. O en bus. La mayor riqueza que tiene, dice, es su hijo de 10 años y el hogar que ha podido llevar con la mamá del niño. Ahora en diciembre van a casarse. ¿Quién podría querer hacerle daño a este hombre?La semana pasada, me cuenta, fueron a buscarlo para decirle que alguien planea un atentado en su contra. La información se la dio un viejo conocido que en otra vida se dedicó a hacer cosas como esas y que de vez en cuando, en su barrio, aún se entera de asuntos así. “Quieren sacarlo del camino”, le dijo el hombre.Puede que sea una equivocación. Que lo que el hombre escuchó no sea así, que ese día se haya levantado con los oídos sucios, que los nombres se hayan trocado, que sea un mal chiste. Ojalá. No parece tener sentido. ¿A quién asusta el sacerdote? ¿A quién incomoda?Edilson Huérfano, como se llama, me cuenta que esta semana le dará los detalles del caso a la Fiscalía. Ah, y también que alguna gente de la ciudad quiere postular su nombre como candidato a la Alcaldía de Cali.

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