15.347

15.347

Abril 28, 2014 - 12:00 a.m. Por: Jorge E. Rojas

15.347 millones de pesos. Con esa plata, en cualquier lugar de Colombia podrían construirse unas tres mil casas de interés prioritario. Casas para unas quince mil personas. En Apía, Risaralda, servirían para salvar el hospital. Y empezar a construir otro. En Boyacá más de mil familias campesinas tendrían lo suficiente para empujar un par de cosechas de cacao y plátano sin tanta angustia, sin tanta deuda apretándoles el cuello. Y en Cali esa plata podría servir para construir la mitad de un colegio del tamaño de la Ciudadela Nuevo Latir, hecho para darle cabida a más de dos mil niños que antes eran corazones a punto de detenerse por culpa de esa vieja manía que los gobernantes llaman priorizar la inversión y el resto de nosotros llamamos olvido.En otros lugares, Singapur se me ocurre, un millonario podría utilizar ese mismo dinero para comprar un jet. En España, Florentino Pérez, el presidente del Real Madrid, lo emplea para pagar cuatro meses del sueldo galáctico de Cristiano Ronaldo. 15.347 millones son apenas un poco más de lo que el mejor jugador del planeta se ha gastado en los últimos diez años comprando autos en Inglaterra, Portugal y España. Vaya cosas del otro mundo que ocurren en esas partes: en nuestro país 15.347 millones son destinados cada año para pagar el cuerpo de seguridad de un expresidente.De acuerdo con la Revista Semana, en un informe de noviembre del 2013, ese era el costo de la movilización y salarios del esquema de seguridad compuesto por las más o menos 330 personas que llegaron a cuidar al hoy senador Álvaro Uribe. La cifra salió a relucir porque semana.com reveló hace unos días que ese esquema sería reducido por la Unidad Nacional de Protección y que de las cerca de 140 personas que en este momento protegen a Uribe, él y su familia pasarían a ser custodiados por algo así como la mitad de hombres. Entonces hay un debate nacional donde parte de la pelea es determinar de dónde vino la orden de reducción y si eso repercutirá en las elecciones presidenciales.Más allá de estar o no de cuerdo con lo que hizo en su Gobierno (y antes y después), yo no quiero que a Uribe le pase nada. No tengo la cabalidad de una congresista recién electa como para desearle a alguien el infierno. Nada es tan valioso como la vida, nada es tan precioso, nada es tan sagrado; cada que alguien atenta contra una vida, incluso de pensamiento, está caminando de para atrás, yendo en contravía de la naturaleza y el orden divino.A mí lo que me deja todo este asunto es un sabor raro en la boca. Una cosa maluca, un hipo que se manifiesta en forma de preguntas: ¿Qué quiere decir todo esto? ¿qué significa habitar un país donde su más reciente exgobernante es uno de los hombres más custodiados y a la vez más amenazados del planeta? ¿15.347 millones es el valor del odio? ¿15.347 millones de pesos valen las curvas retorcidas que también tiene la derecha? ¿Su insistencia de querer verse recta aunque muchos veamos lo contrario? ¿Por qué es más fácil destinar recursos para prevenir la destrucción, que desembolsar sin tanta vuelta lo que se necesita para hacer más casas y más hospitales y más colegios y sembrar más campos?Algo no huele bien hace rato. Se supone que los servidores públicos están para cuidarnos, para velar por nuestros derechos. Vaya cosas del otro mundo que ocurren aquí en Colombia: en nuestro país, somos nosotros quienes debemos cuidarlos a ellos. Ojalá entonces ellos, enfermos hace 15.347 millones de años de mala memoria, algún día se acuerden de eso, que de nuestros bolsillos salen sus pensiones y sus guardaespaldas y que cuando envejezcan de ahí mismo saldrán sus pañales, todos los que necesiten: 330, 140, 68.

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