¿Visión?

Marzo 02, 2011 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Moreno Montalvo

A veces la falta de visión es costosa. Asignar prioridad a reducir costos puede llevar a errores. Cuando se decidió hacer el sistema de transporte masivo de Cali con buses e ignorar la existencia del ferrocarril se renunció a un sistema sencillo, pero muy eficiente, que habría preservado el uso de las calles durante la ejecución, la cual habría sido mucho más rápida, y habría asegurado un tránsito veloz de norte a sur y de la troncal de la 26 hasta Aguablanca. El tren era la mejor opción en las evaluaciones económicas, pero implicaba una inversión inicial mayor que el sistema de buses, según los asesores técnicos. La realidad fue diferente: el sistema actual, con buses articulados para las vías principales, costó mucho más que lo estimado para el tren ligero, perturbó de manera traumática la vida de la ciudad durante seis años y jamás prestará el servicio con la misma eficiencia que tendría un sistema con buses padrones alimentando una vía férrea de alta velocidad. Ahora se quiere hacer una autopista que cercenaría no sólo la posibilidad de hacer el tren ligero algún día, sino también la expansión del tren regional en Cali en el largo plazo, al ocupar el espacio natural para más ferrovías. El asunto es complejo: ni siquiera está comprobada la viabilidad financiera de la autopista. Hay dudas sobre la disposición de los usuarios potenciales a pagar un peaje que remunere en forma adecuada la inversión. Así, el planteamiento del proyecto puede no ser atractivo para los potenciales inversionistas. Sin embargo, mucho más importante es el costo social de largo plazo por las oportunidades que se cierran para la ciudad con esta iniciativa. Llama la atención, además, la ligereza para disponer de un activo que es propiedad de la Nación. Mientras exista el corredor férreo, siempre podrá la ciudad regresar al concepto de tren ligero con costos marginales relativamente modestos, pues ya tiene el elemento decisivo. La autopista del bicentenario sería para beneficio de quienes están dispuestos a pagar más dinero por reducir el tiempo de desplazamiento en vehículos particulares, y no para las familias de escasos recursos sin posibilidad de adquirir carro, cuyas jornadas de trabajo o estudio empiezan muy temprano y terminan a altas horas de la noche, supeditados a utilizar los medios de transporte que los alcaldes les ofrezcan. El transporte masivo bien diseñado puede dar calidad de vida a los ciudadanos e incorporar visión de futuro, crecer en el tiempo y no colapsar como pasó en Bogotá. Si se hace la autopista, quienes usan el sistema de transporte masivo, aun inconcluso, pues está pendiente de vincular el distrito de Aguablanca, sólo tendrán beneficio por la reducción de carros caros en sus vías. Se perderá la posibilidad de tener un sistema realmente bueno y una vía efectiva para tren de pasajeros y carga a Cali cuando el país entienda la importancia del ferrocarril como vehículo de desarrollo. El costo lo pagarán las generaciones venideras. ¿Es esto lo que queremos?

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