Vida eterna

Marzo 02, 2013 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Moreno Montalvo

La religión judía impone deberes sin contraprestación individual más allá de una recordación grata como premio por una vida buena. Otros credos, entre los cuales se cuenta el cristianismo, plantean la posibilidad de gozo en la vida eterna. El teólogo Orígenes planteó a principios del Siglo III la posibilidad de una gran reconciliación universal cuando termine la existencia del mundo. Durante siglos se cultivó en Occidente la ilusión de un estadio de transición, el purgatorio, en el cual se limpiaría el alma de manchas, fruto de la naturaleza humana y de nuestra conducta, para poder acceder al cielo. Entre los siglos V y VIII el cristianismo institucionalizado estableció incentivos, mediante las llamadas indulgencias o rebajas de tiempo en purgatorio como premio por determinadas conductas, pero las indulgencias se volvieron materia de transacción comercial, a tal punto que el horror ante esta práctica por los dominicos fue, en lenguaje criollo, el florero de Llorente que motivó a Martin Luther a romper con Roma. Ahora la Iglesia de Roma no promueve estas especulaciones ni defiende la existencia de purgatorio. Sin embargo, aún no ha dado el paso de aceptar, como San Agustín, que sólo Dios sabe si hay vida más allá, y no lo dice. Lo cierto es que el purgatorio fue respuesta a un mercado de servicios espirituales que quería conciliar la evidente imposibilidad de acertar siempre en la conducta y la legítima aspiración a la salvación del alma. La espera era un mecanismo idóneo para la depuración de toda mancha, similar a la circunstancia de quien espera en prisión el cumplimiento de la pena sentenciada por un juez para acceder a la libertad. Desde hace un par de años sabemos que el universo que habitamos principió con la gran explosión acaecida hace 13 mil millones de años desde un punto de densidad infinita y que algún día, dentro de miles de millones más, se agotarán los procesos de expansión cósmica sin reconcentración de energía para volver a comenzar. Además, mucho antes de que eso ocurra, si la humanidad no sale del planeta, no podrá sobrevivir, porque puede caer un meteorito como el que determinó la extinción de los dinosaurios hace 75 millones de años, producirse un choque de placas tectónicas de gran magnitud que desate las fuerzas de la naturaleza en contra de la frágil especie dominante, o inducirse la destrucción como consecuencia de nuestra propia conducta, que usa mal los recursos necesarios para la vida y además fabrica armas de destrucción total. En cualquier caso, algún día el sol agotará la reacción nuclear que lo alimenta, se convertirá en enano blanco y se apagará. En ese punto, la vida se acabará en nuestro sistema solar.Por consiguiente, más que especular sobre el más allá, es procedente buscar mecanismos para que la especie humana, y con ella las demás especies vivas, existan dentro del límite de lo razonable y no desaparezcan en forma prematura. ¿Podremos ponernos de acuerdo?

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