Ventajas comparativas

Ventajas comparativas

Junio 15, 2015 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Moreno Montalvo

Nuestro departamento tiene dos ventajas comparativas naturales: su ubicación estratégica, y su clima privilegiado. Sobre ellas y sobre los logros consolidados, como los de cinco clusters identificados por la Cámara de Comercio de Cali y los de industrias basadas en biomasa, como la azucarera y la papelera, se debe impulsar la estrategia de desarrollo regional para los próximos años, mientras se avanza en la construcción de conocimiento para dar más valor al portafolio regional de bienes y servicios, y así lograr la inserción efectiva en la economía global.La receta luce fácil, pero enfrenta muchos obstáculos. El primero es el pésimo diseño de las instituciones públicas colombianas, cuyos políticos profesionales no asumen responsabilidad por su gestión pero interfieren en la asignación de recursos con fines clientelistas, y cuya rama jurisdiccional no es independiente. Este problema es nacional, y debe enfrentarse para evitar un colapso como el de Venezuela. El segundo es el deficiente nivel educativo, también producto del diseño centralista del Estado; la Constitución de 1991 quiso dar juego en los procesos educativos a departamentos y municipios certificados, pero en la práctica son meros agentes pagadores, pues los programas se diseñan en la sabia Bogotá, donde los gobiernos negocian con la Federación Colombiana de Educadores reglas de gestión y remuneración a profesores; expertos sostienen que tener buenos maestros es la clave del éxito, y que la tecnología sola no subsana las deficiencias en docencia, pero nuestro sistema de administración pública no reconoce estas verdades. El tercer obstáculo es la indiferencia pública y privada ante el atraso, la miseria y la falta de oportunidades en Buenaventura; hoy es imposible aprovechar la ubicación estratégica para generar valor agregado local, con las consecuencias en empleo, ingreso y bienestar.Nuestra región tiene una red vial aceptable, en contraste con el grueso del país, pero el abandono de la Costa Pacífica no se resuelve con paños de agua tibia ni con programas asistenciales; requiere dotar a la ciudad de infraestructura, derrotar al narcotráfico y promover la participación privada. Es preciso impulsar la inversión extranjera, pues la tarea desborda las capacidades de la industria nacional, vapuleada por años de revaluación y falta de estrategias sólidas de desarrollo social y económico. El problema no es solo de medio millón de personas en Buenaventura: quizá cien mil son población flotante, expulsadas de otras partes por la inseguridad y falta de oportunidades, que después migran hacia Cali y Bogotá, y son reemplazadas por otras personas en circunstancias similares. La guerra de la coca asola a la región, y Bogotá no propone soluciones de fondo. ¿Qué futuro nos ofrecen las instituciones de hoy?

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