Valle y Colombia

Mayo 25, 2013 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Moreno Montalvo

El desenvolvimiento económico del Valle ha sido inferior al promedio nacional en los últimos 40 años. El ingreso promedio del departamento pasó de exceder el nacional en 40% a ser levemente inferior al promedio. Parte de este mal desempeño relativo está relacionado con el cambio de modelo de desarrollo, que antes ofrecía protección a la producción nacional, y desde finales de los 80 se orientó a abrazar la globalización. Primero se hizo apuesta ciega al libre mercado, y en los últimos diez años se han impulsado acuerdos bilaterales de discutible beneficio. En esta década el aparato productivo de bienes y servicios ha padecido la orientación a aprovechar los recursos no renovables para beneficio del fisco, pero no necesariamente del país. Mientras en Bogotá la tecnocracia discute la situación en abstracto, en la provincia se vive la violencia asociada a la guerra de la coca y la penetración reiterada de fuerzas oscuras en lo público. El caso del Suroccidente es grave, pues en su territorio el narcotráfico campea. La influencia de fuerzas oscuras restringe la libertad incluso para circular. Buenaventura ha vivido la guerra entre bandas criminales, y sus indicadores de pobreza, desempleo, necesidades básicas insatisfechas y seguridad son pésimos. En zonas del Distrito de Aguablanca se requiere la anuencia del hampa organizada para ingresar sin mucho riesgo. El cultivo de la amapola campea en zonas montañosas de Cauca y Nariño. Entre tanto, el Gobierno Nacional no entiende la naturaleza de la industria azucarera y pone en peligro su sostenibilidad, necesaria para frenar el poder del narcotráfico al menos en la zona plana del valle geográfico.La calidad de la gestión pública en el país es inferior a lo requerido para salir de la pobreza. El Ejecutivo está arrinconado por los órganos de control, la comisión del servicio civil, la falta de verdaderos partidos políticos que permitan acuerdos sin tener que repartir puestos y contratos para aporbar las leyes, una Justicia sin independencia y un asfixiante centralismo para asignar recursos. El Valle fue fuente de luz para el país. Ahora tiene el reto de despertar, poner en tela de juicio la distribución de los poderes públicos en Colombia, proponer fórmulas que orienten la inserción del país en la cuenca del Pacífico, impulsar modelos de convivencia y lograr la paz a través de la prosperidad. Nuestra misión regional no se puede limitar a pedir infraestructura portuaria o mecanismos para evitar que nuestra producción colapse. Tenemos una región a cuestas, aplastada por factores externos, vinculados a la prohibición de los narcóticos en países desarrollados, pero también la llave del Pacífico. ¿Seremos capaces de organizarnos para abrazar con convicción nuestro destino?

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